Para Belin, nombre artístico de Miguel Ángel Belinchón Bujes, (Linares-1979), la tecnología es útil para muchas ciencias, pero el arte, creado por el ser humano, no se puede sustituir: “La IA no pinta por ti. Lo bonito del artista es el ingenio, yo siempre hablo de Cuba, que con pocos recursos hacen maravillas”.
El artista conocido mundialmente por su dominio del hiperrealismo con spray, especialmente por sus murales de gran formato, y por ser el creador del Postneocubismo, comentó lo anterior antes de su participación en la charla Fragmentos de Identidad en el Centro Cultural de España en México que reunió a artistas como Saner, Said Dokins y el propio Belin.

Ellos dialogaron sobre la relación entre el grafiti mexicano y el arte urbano español. Hablaron de temas de memoria, representación y cultura popular. La plática, moderada por Eduardo Vázquez Martín buscó establecer vínculos entre la escena artística de ambos países.
Antes de dicha experiencia, el artista que ha destacado internacionalmente y quien está casado con una mexicana, dio una entrevista a Palabra Vacante sobre la actualidad del arte urbano, entre otros aspectos relacionados con la expresión pictórica.
“Yo en el grafiti encontré la libertad de pintar, de una manera clandestina, así empecé, pero me hacía feliz porque podía expresarme, era mi manera. Con el tiempo yo fui entrando al circuito del grafiti cuando era ilegal y pintabas una pared sin pedir permiso, pero ahora, cuando ya tienes un proyecto de mural, es arte urbano”.
Belin asegura que, aunque comenzó su trayectoria con el grafiti, (a los 15 años) actualmente “trabajo más en mi estudio, yo pinto mis cuadros, me gustan mis lienzos, yo monto mis bastidores, hago escultura, cerámica… Mi obra es figurativa. Casi siempre retrato a la gente muy cercana a mí, a mi familia, a mis amigos. Me gusta utilizarlos a ellos para contar lo que yo necesito”.

Esta idea, Belin la precisa: “Me gusta mucho jugar con las expresiones, con los sentimientos, con los colores, con la línea… ahora disfruto más porque el cubismo me permite ser más libre todavía. Puedo cambiar las perspectivas, puedo romper y crear composiciones que para mí funcionan”.
Respecto a si tiene inspiración de artistas como Basquiat o Picasso por haber experimentado con técnicas y corrientes artísticas como el grafiti y el cubismo, el artista español responde que naturalmente hay referencias de quienes lo antecedieron, pero el arte responde a la expresión individual.
“Al final el mundo del arte evoluciona porque ya otros trabajaron antes y nosotros agarramos el testigo y continuamos nuestra carrera, pero tenemos la influencia, obligatoriamente, pero si a una persona la dejan en una isla con pintura y no tiene ninguna información previa de lo que había, ¿qué saldría de ahí? Hoy en día que estamos tan conectados con las redes sociales e internet que la influencia es absoluta. Prueba de lo anterior es que hice una colección inspirada en La danza de Matisse, que espero dar a conocer una vez que la termine”.
Contó que el año pasado, en navidad, fue con su familia al MoMa en Nueva York y vio la obra de Matisse y posteriormente volvió a la ciudad de los rascacielos “solo a experimentar ese momento y dije: ¡madre mía, no hay complicación!, esto es super fácil y las caras de ellas (las bailarinas), no las veo y llegué a España y comencé a preparar esa obra, pero viendo la cara de la mujer, eso es lo que hago ahora y unos murales que voy a pintar en España, pero también tengo mucho trabajo de estudio”.
Y es que Belin ha reinterpretado ya otras obras famosas. Hizo la Mona Lisa postneocubista y es un apasionado de crear. Al viajar, aun cuando disfruta conocer sitios que le den motivos para expresarse, ya quiere regresar al lienzo y al pincel. “Para mi pintar es como comer. Cada día tengo que pintar, tengo que expresarme, no me imagino a un cantante de verdad dejar de cantar”.
A través de su obra pictórica, Belin narra historias: “Cuento lo que no me parece bien, lo pinto, pero también pinto mi vida, yo pinto un retrato de un amigo o un familiar, pero veo en su ojo el reflejo de lo que yo veo por mi ventana, entonces yo juego mucho con mi día a día, es como si fuera un diario, al final pinto de lo que me rodea, pinto a mi gato, si veo un gorrión, una paloma, a una perdiz, los pinto”.
Y reafirma: “Yo pinto lo que vivo yo y no me gusta hacer encargos. Mi obra se colecciona, se vende. Yo soy muy crítico con mi obra. Para mí es bonito que se venda la obra y a la vez es doloroso que se vaya. Como la vez en que pensé que solo me iban a comprar solo una pieza y se llevaron todo el catálogo…”.
Finalmente, sobre experiencias como la charla que tuvo recientemente, Belin menciona que ha compartido lo que sabe de creación artística, con las nuevas generaciones en talleres y conferencias. “No me da miedo que la gente sepa como yo pinto, no guardo ningún secreto, lo que yo hago viene de mí, pero la técnica viene de fuera. Al final creo que el mundo del arte es como una cadena, somos como un eslabón, tenemos que ayudarnos para tirar de la cadena juntos”.





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