Conozco El Cambalache desde 1989, dos años después de su apertura en el original de Insurgentes Sur. En aquellos años, los restaurantes cerraban temprano y era éste el lugar de reunión de actores, actrices, debido a la cercanía del Teatro de los Insurgentes y era el único que seguía abierto hasta la una de la mañana, por lo que era frecuente encontrarte con políticos, periodistas y desde entonces, es uno de mis lugares favoritos y recurrentes.

Recuerdo a Raúl, su dueño original, un argentino que era melómano de hueso
colorado que, casi siempre, se sentaba en la mesa que compartía yo con mi jefe
en El Heraldo de México, Guillermo Vázquez Villalobos, muy reconocido en el
medio, y era común que nos contara que se gastaba una buena plata en seguir las giras de los Rolling Stones, de quienes llegó a hacer amistad; pero igual se
lanzaba a perseguir en sus giras a Julio Iglesias (con quien también estableció una fuerte amistad).
Y no era rara la ocasión en que mi jefe me pidiera que entrevistara a los artistas que ahí acudían. Así conocí a Héctor Suarez (qepd), a Otto Sirgo, a don Julio Scherer (qepd) y a infinidad de celebridades que, sí o sí, acudían entre semana en aquellos años en que las funciones de teatro eran de martes a domingo.

Han transcurrido 36 años y la calidad y el servicio siguen siendo insuperables; la carta ha variado, pero los clásicos cortes, las ensaladas, las entradas y las
famosas papas souflé, ni le cuento.
Además de El San Ángel Inn, es el único lugar donde puedo pedir una de mis
bebidas favoritas: el vodka Martini agitado (no, revuelto), con triple aceituna y twist de limón que, no es por intrigar, no encuentro en ningún otro lado. “Este trago sólo lo pide la gente de cierta edad”, me dijo una vez un mesero. Si, algo antiguo, pero me agrada acompañar mis alimentos con un par de este emblemático trago.

Y de los alimentos, ¿qué le digo? Desde la clásica arrachera, pasando por el
lechón, las mollejas, mis favoritos siguen siendo y siempre es lo que pido: el pulpo a la cayena, el carpaccio de res, las papas souflé, la ensalada césar (preparada en su mesa), o la ensalada de berros, y siempre, siempre, siempre, un vacío término medio.
Desde sus 12 años, comencé a llevar a mi hija a restaurantes para que, llegado el momento en que noviara, no llegara cualquier fulano a impresionarla con cualquier lugar y también se ha convertido en uno de sus favoritos y a sus recién cumplidos 28, eventualmente nos citamos ahí (de hecho, nuestra próxima comida será en ese lugar).

Empanadas, cortes, pescados, sopas (le recomiendo, en temporada, la crema
poblana), de todo y para todos los gustos.
Debido al éxito de este restaurante (cuyo original fue remodelado y expandido con terraza y área de fumadores), han abierto sucursales en Polanco, en Plaza Oasis y varias más, incluso fuera de la CDMX, en donde la atención y el sabor de los alimentos es el mismo, lo cual es una garantía para los que somos fans de El Cambalache.





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