Con su reciente libro de poemas, El silencio del gato, el escritor mexicano Alberto Ruy Sánchez aborda la figura de los felinos a través de maravillarse y de rimas sencillas como un ejercicio lúdico. También devela los elementos que hacen de este animal motivo recurrente en la literatura por sus misterios y estética.

Verónica Maza Bustamante con Alberto Ruy Sánchez durante la presentación del libro del autor mexicano , El silencio del gato.

Recientemente, el autor, quien tiene en su hogar un gato que responde al nombre de Thor, habló de dicha obra de Ediciones Era en la librería Gandhi de Miguel Ángel de Quevedo junto con la presentadora del libro, la periodista, escritora y sexóloga Verónica Maza Bustamante.

“Debo confesar que nosotros (su familia) tuvimos un gato antes que Thor pero nunca puse tanta atención sostenida en el gato como con este animal, éste para empezar, como todas las mascotas que hemos tenido de adultos no los escogimos nosotros los escogieron los hijos.

“A Thor lo recogió Andrea, mi hija, de un basurero y era un delincuente juvenil, un gatito con pelos parados e igual de parada la garra, no te podías acercar porque te atacaba, era un gato que evidentemente había sido agredido bebé y todavía era bebé y empecé a notar y anotar toda esta dimensión agresiva del gato, en un gato doméstico”.

Expresó el autor que “yo empecé a tomar nota de lo que hacía y no hacía y poco a poco nos fue aceptando, nos fue queriendo y empecé a recordar a otros gatos. El anterior se murió de depresión cuando reformamos la casa y entraron albañiles. La gatita se deprimió y murió, fue tristísimo también”.

Ruy Sánchez agregó que dichos textos dedicados a los felinos surgieron de ver las actitudes de los gatos, su destreza e inteligencia y cómo sus características se prestan para trasladarlas al lenguaje poético, aunque en diccionarios, por ejemplo, del siglo XVIII, solo los definieron como cazaratones.

“El poema no surge de hacer el recuento científico, simplemente de la observación doméstica del gato, sino que surge del asombro, ese momento en que se levanta el gato y abre la puerta con una pata y dices qué pasa aquí porque siempre me hace abrir la puerta, porque puede. Puerta que abre un gato es una puerta abierta a lo inesperado”.

El escritor de Los jardines secretos de Mogador recordó que este libro publicado en 2001 y que es un ejemplo de literatura erótica es “un recuento de deseos y de asombros, entonces para cada paraíso inventado que yo cuento como una aplicación de un deseo extremo, yo utilizo un registro narrativo distinto, entonces todo el libro es como un abanico de registros”.

Agregó: “En este caso también, mi compromiso, mí enganche con la dimensión poética está en escuchar qué forma se necesita para cada una de las cosas que tengo que decir y al mismo tiempo hay una reflexión sobre las formas poéticas, hay uno en que me burlo de mí mismo y de la gente que rima”.

“Este libro tiene diez películas incluidas en el scanner que viene al final, hay diez video poemas de un minuto, minuto y medio que yo hice. He hecho como 700, pero eso 10 son sobre gatos y hay uno que es un vínculo con mis otros libros de Mogador y el deseo…”, enfatizó.

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