
Por Víctor Hugo Sánchez
Me gustan mucho los mariscos, y solía ir cada 15 días a un lugar cerca del World Trade Center, pero de repente el servicio y los platillos decayeron; busqué en Google un lugar cercano a mi domicilio y me apareció “El Peladito”, a 10 minutos de distancia y, lo mejor, comida estilo sinaloense.
Fui y vi la carta y pensé: “si llegan los platillos, tal como aparecen en las fotos, me quedo”. Y así probé aguachiles, callo de hacha, tacos gobernador (de camarón y de marlín) y los famosos “camarones cucaracha” (crustáceo de criadero que, al freír y remojar en la salsa especial de la casa, pueden comerse completos con todo y cáscara); además de que los platos llegaban tal cual aparecían en la carta, el sabor me voló la cabeza y comencé a publicar en mis redes sociales fotos de lo que me estaba zampando, etiquetando a la marca, tanto en Instagram, como en Facebook y X (antes Twitter).
A los minutos, me escribió el CM de “El Peladito” por mensaje privado y me dijo “mi compa, ¿en qué sucursal está?”, a lo que respondí: “¿para qué o qué?” “Para que vaya el gerente a saludarlo y le muestre la variedad de platillos que manejamos”. “Pues estoy en tal sucursal, y vengo vestido de tal manera”.
En efecto, pasó el gerente a saludarme, a darme ciertas recomendaciones y como era una etapa en la que yo comía sin medida ni clemencia, pues me aventuré a seguir probando otras delicias, como los camarones mantarraya (capeados y rellenos de queso crema y jamón) y cuando pedí la cuenta me llevaron la libretita con un papel en el que estaba escrito “si te gustó, esperamos que regreses”. De inmediato le escribí al CM y le dije “oye, es una cuenta grande; puedo aceptarte una cortesía, un taco o un trago; pero no puedo aceptar que no me cobres”, a lo que respondió “es un gusto, y con todo lo que has publicado en tus redes, seguro llegará más gente; gracias y de verdad te esperamos a que regreses”. Dejé una buena propina y regresé, no una, sino decenas de veces, en ocasiones solo, en ocasiones con amigos y colegas, y cada que iba me daban alguna cortesía.
Se convirtió en uno de mis lugares favoritos, sin duda alguna.






Al tiempo, y luego de cuatro meses de ir, al menos, una vez por semana, me escribieron a mis redes, preguntando si lo que hacía yo como relaciones públicas de actores y cantantes, podría hacerlo con el restaurante, que para entonces ya sumaba seis sucursales en la CDMX y de inmediato les dije que sí. Nos reunimos con los dueños y resultó que ya conocía a uno de ellos, Víctor Somoza, porque él había sido el creador de los platillos que yo ya conocía de “El Cevichín” (que cerró sus puertas hace años) y cerramos contrato con un apretón de manos.
Y, así, poco a poco fui llevando actores, cantantes, periodistas de gastronomía, influéncers foodies (que les llaman) y durante más de 4 años pude probar casi toda la carta, a la que se le han sumado decenas de platillos nuevos, como el aguachile de rib eye, los camarones cuchufleta, la pasta con camarones y mejillones, además de la coctelería que está llena de sorpresas.
Mis favoritos siguen siendo los aguachiles de callo de hacha, los camarones cucaracha, el molcajete rompe olas, el caldo dogout, la tostada sangrona (cubos de atún crudo, bañados en salsa de Jamaica), la tostada petrolera (500 gramos de pura proteína: atún, camarón cocido, camarón crudo, callo de hacha y pulpo), el pulpo atropellado y creo que no acabaría de nombrar la enorme cantidad de platillos de la inmensa carta.





“El Peladito” tiene varias sucursales; la más grande está en Gabriel Mancera 506, colonia Del Valle (cuenta con ludoteca para que los morrillos jueguen y se diviertan, mientras los papás gozan de la comida y de los espectáculos musicales que se presentan); otra en Manacar, otra más en Plaza Tepeyac (la más reciente y la más bonita de todas), y otra detrás del Teatro de los Insurgentes en la calle de Damas.
Si busca calidad y excelente sabor del más puro estilo sinaloense, “El Peladito” es la mejor opción.
Ya hasta hambre medio.
Chale.





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