Por Víctor Hugo Sánchez

De siempre me ha gustado comer. Y de adulto, me ha gustado acompañar los sagrados alimentos de alguna buena bebida.

Tuve mi etapa de ron, tuve mi etapa de tequila, tuve mi etapa de tintos y ahora ando en mi etapa mezcalera, por la generosidad de este destilado y porque las resacas son menos agresivas que las anteriores.

Y, ¿qué creen? Me rayan las cantinas, pero las cantinas al viejo estilo en que, por cada trago, te llevan un platillo, una entrada, alguna sopa, un plato fuerte y hasta un postre. 

Pues acabo de encontrar una verdadera joya gastronómica y etílica en la colonia San Rafael de la bendita CDMX: La Numantina, ubicada en Manuel María Contreras #4, donde se sigue el viejo estilo del trago y el alimento, y no crea que son porciones pequeñas; la verdad, se come extraordinario.

A cada cuba, a cada cerveza, a cada mezcal o la bebida de su preferencia, le sigue un platillo. ¿Cuál? No sé, lo que haya preparado el chef para cada día. Un día, chamorros; un día, barbacoa; un día, guacamole con chicharrón carnudo; un día, escamoles y qué sé yo. Ahí, cada trago va acompañado de un platillo generoso, fresco, delicioso y abundante, por lo que sus dueños aseguran que no hay quien rebase los 4 tiempos. 

Y de su carta de bebidas, le recomiendo probar el mezcal Blue Demon, ya que el dueño es primo del luchador, decidieron crear su propia marca de mezcal, con tanto éxito, que incluso se vende en Japón, donde hay una verdadera fanaticada de la lucha libre mexicana y ahora, al parecer, del bendito mezcal.

El lugar cuenta con una planta baja, y una terraza maravillosa, con un escenario donde cada tanto se presentan cantantes, se arma la bohemia y se la pasa uno muy Agustín Lara; al menos, para los que somos bohemios de corazón, es un agasajo.

He tenido la oportunidad de ir varias veces a La Numantina y nunca dejan de sorprenderme; a veces hay bufette; pero generalmente es la tradicional forma que, insisto, trago-platillo y así llegan a la mesa enchiladas, quesadillas, guacamoles y el espectacular chamorro que, diría yo, es la estrella de la casa. 

Y no le hablo de cualquier chamorro; esta es una bestialidad de porción que puede alcanzar hasta para cuatro comensales, tranquilamente.

El cheque promedio debe andar en los 400-500 pesos que, si considera que es bebida y comida, está más que justo en costo-beneficio.

Y como suele decirse en el medio periodístico: una imagen vale más que mil palabras, ahí le dejo una buena cantidad de fotos de los platillos y de las bebidas.

¡Buen provecho!

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