¿Y si la arquitectura pudiera ayudarnos a reconciliarnos con la naturaleza? Esa fue la poderosa idea que el reconocido arquitecto japonés Kengo Kuma trajo a la Ciudad de México, en una charla que ofreció en el auditorio del Museo Tamayo Arte Contemporáneo, el pasado 21 de julio.

Con más de 300 imágenes bajo el brazo y una sonrisa constante, Kuma —creador del Estadio Olímpico de Tokio y una de las voces más influyentes de la arquitectura contemporánea— compartió su visión sobre cómo volver a construir pensando en la escala humana, la diversidad… y el planeta.

Foto: Secretaría de Cultura

El tema de hoy es muy simple: cómo volver a la naturaleza. Eso es lo que necesitamos ahora”, soltó sin rodeos ante un auditorio que lo escuchó con atención total.

De los rascacielos al respeto por el entorno

Durante su conferencia magistral, organizada por la Secretaría de Cultura, el INBAL, la Universidad Iberoamericana, la Casa Estudio Luis Barragán, la Fundación Japón en México y Fundarq MX, Kuma hizo un recorrido por su trayectoria y su manera de pensar el oficio de construir. Lo hizo con humor, con anécdotas personales y con muchas ganas de inspirar.

Recordó, por ejemplo, el día que decidió ser arquitecto: “Tenía 10 años y fui a ver el Estadio Nacional Yoyogi de Kenzo Tange. Yo quería ser veterinario porque amaba a los gatos, pero ese edificio me cambió la vida. Pregunté quién lo había diseñado y, cuando me dijeron ‘Kenzo Tange’, supe que eso era lo que quería hacer”.

Arquitectura que respira y se adapta

Kuma no es un arquitecto cualquiera. Su estilo se ha vuelto sinónimo de una arquitectura que respeta el entorno, que usa materiales locales y que busca reconectar con lo esencial. En su ponencia mostró proyectos emblemáticos como el Estadio Nacional de Japón, construido con maderas de las 47 prefecturas del país y vegetación nativa, o el asombroso Chidori Pavilion, una estructura desmontable hecha sin un solo clavo, ensamblada solo con presión, usando técnicas milenarias y tecnología de punta.

Foto: Secretaría de Cultura

La tecnología está presente, sí, pero nunca debe ser protagonista. El centro del proyecto siempre debe ser la naturaleza”, afirmó con firmeza.

También habló del templo Hōryū-ji, construido en el siglo VII y aún en pie gracias a su sistema modular: “Es una arquitectura reciclable, mucho más avanzada que el concreto. Los carpinteros sabían cómo reemplazar cada pieza. Eso es muy futurista”, dijo entre aplausos.

Un lazo con México que se fortalece

El evento cerró con una cálida sesión de preguntas del público, donde Kuma habló con cariño de Luis Barragán y Isamu Noguchi, de su admiración por la estética mexicana y del entusiasmo que le provoca visitar nuestro país: “México es un lugar fascinante para cualquier arquitecto. Aquí el arte, la arquitectura y la política se cruzan de manera intensa. Siempre que vengo, encuentro inspiración”.

Foto: Secretaría de Cultura

Por su parte, Dolores Martínez Orralde, directora general del Patrimonio Artístico Inmueble del INBAL, destacó cómo este encuentro celebra una relación de décadas entre arquitectos japoneses y mexicanos. Y María Bustamante Harfush, presidenta de Fundarq MX, cerró con una frase que muchos compartieron al salir del auditorio:
Es un honor contar con un arquitecto cuya obra ha sido elegante, sensible y profundamente humana”.

Así, entre anécdotas, planos, madera, historia y futuro, Kengo Kuma dejó una semilla sembrada en tierra mexicana: construir no es solo diseñar edificios, es imaginar otra forma de habitar el mundo.

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