Si bien en cierto que me gustan los restaurantes de media y alta gama (éstos, menos que los anteriores), lo mío, lo mío, son los mercados, y es que en estos la comida siempre es recién hecha, encuentras platillos caseros, como un buen mole de olla, unos huazontles y hasta un arroz con huevo estrellado, sólo en los mercados.

Y ahí le van mis favs:

Villa Coapa, nada como sus inigualables tlacoyos y quesadillas. El sabor y sus salsas no han cambiado nada en los 60 años que llevo de conocer ese mercado. El de la colonia Doctores (no su nombre), infaltable echarse una o dos gorditas de chicharrón o de carnitas y ni qué decir del menudo y las enmoladas; punto y aparte su zona de mariscos; el caldo de camarón, inmejorable.

El mercado de Coyoacán: la inmensa zona de tostadas es fascinante, pero hay que saber en cuál puesto son las mejores. Donde vea montones de personas, ahí es. Las de tinga de res, las de picadillo y las de salpicón de res, las que siempre elijo.

Del mercado de Xochimilco, los tacos de carnitas. Ni para dónde moverse. Mercado Lázaro Cárdenas (en la colonia Del Valle) hay de todo. Desde unos buenos mariscos, pasando por la comida corrida, el menudo los fines de semana, y hasta su zona gourmet (¡oh, sí!) y una cafetería que no recuerdo su nombre, pero cuyo dueño ha sido reconocido a nivel internacional por su café (que nunca he probado, porque soy cero cafetero), pero que siempre está atascado de gente, lo que habla bien del lugar.

Y aunque no son de mercado, le recomiendo ampliamente “Los machetes de la Guerrero”; unas quesadillas gigantescas que, tranquilamente, son cuatro en una sola. Siempre bien servidas, con buenos guisados y salsas picositas, como debe de ser.

Y este fin de semana descubrí una joya en la bendita CDMX: el mercado de La Lagunilla. ¡Me fui de espaldas! Ropa de muy buena calidad a muy buen precio; antigüedades; joyería, relojes, bolsas y carteras clonadas, a excelente precio. Tan famoso, que han desfilado por ahí Guillermo del Toro, ¡Dua Lipa!, la Bellakat e infinidad de celebridades porque, apenas me entero, es uno de esos lugares surrealistas que es un debe de debe para turistas y nacionales. De entrada, sí o sí, debes comprarte tu michelada, escarchada con los menjurjes que quieras; aguas, porque te sirven un caguamón en un vaso y es complicado caminar entre tanta gente. Y, lo mejor, lo increíble, es que me animé a comer insectos: desde chapulines, pasando por alacranes, gusanos de maguey, chinicuiles que resultaron una verdadera delicia. ¡Ah, y una gordita de chicharrón que ahí le encargo!

Salga de su zona de confort y anímese a ir a La Lagunilla, un lugar muy seguro, familiar y divertido. Eso, sí, vaya con ropa cómoda y tenis porque la caminada es extensa.

Buen provecho.

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