Por Víctor Hugo Sánchez. No soy experto en comida asiática; la japonesa es de las que menos me gustan, de hecho; excepto sus atunes crudos y/o sashimis es a lo más que llego. Los rollitos ni de chiste. Las algas, acaso, rellenas de salmón crudo, siempre las pido sin arroz. El arroz no es lo mío.
Pero, de la comida china, sí le vengo manejando un poquito más, aunque tampoco me considero experto. La semana pasada tuve oportunidad de visitar dos de los restaurantes chinos que, a mi parecer, son los mejores de esta bendita CDMX: Hunan y Blossom. Entre los taquitos de lechuga, los arroces (que consumo con moderación por lo indigesto que me resulta este cereal) y los dumpling, ambos restaurantes se dan un quién vive. Ni a cuál irle de buenazos.
Lo que sí encontré en el Hunan fue un abulón que, la neta, no tiene progenitora y que, entiendo, es de temporada. En el Blossom nunca lo he visto en su carta. Punto para Hunan.

Pero aquí sí me perdonará, pero el pato pekín o pato beijing, el del Blossom se
lleva de calle al Hunan que, además de costar muuuuuuuuuucho más caro, algo le falta. No es que sea malo, pero el del Blossom es infinitamente más tierno, más jugoso.

Ambos son restaurantes de alta gama, se sabe; sin embargo, la diferencia de precios es abismal, sólo que uno está más de moda que el otro, por eso siempre lo encontrará atascado y hay que hacer reserva.
Con un ambiente más discreto y sobrio, el Blossom le ofrece una experiencia única, más íntima, menos ruidosa, algo que agradecemos los que estamos en la
tercera edad y preferimos un lugar más relajado. Si tiene chance de ir, acuda primero al Blossom, del que también hay varias
sucursales en esta ciudad. Luego, con un poquito más de varo, vaya al Hunan y
haga sus propias comparaciones.
Que algo no me guste a mí, no significa que no vaya a gustarle a usted.
Pruebe. Intente. Porque, como dicen en mi pueblo, “cada quien, sus cubas”.
Y perdón por hablarle de comida asiática hoy, que es lunes 15 de septiembre y lo que predominará serán los pozoles, las flautas, los chiles en nogada, los
pambazos y toda clase de garnacha nacional.
¡Viva México!





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