Recuerdo cuando escuchaba a Oasis en mi habitación: ponía uno de sus CDs y me dejaba llevar por su música. Fueron el soundtrack de varios momentos de mi juventud. Siempre quise verlos en vivo, pero un día anunciaron que se separaban y, conociendo a los Gallagher, una reconciliación parecía imposible.
Todo cambió en la final de la Champions 2023. El Manchester City vencía al Inter y la esperanza de ver nuevamente a Oasis renacía, ya que días antes del partido Liam declaró: “Si el City gana la Champions League, voy a llamar a mi hermano y reunir a la maldita banda”.

Sin embargo, pasó el tiempo y nada sucedía… hasta que un día ocurrió lo que llevábamos esperando por 15 años. “Las pistolas se han silenciado. Las estrellas se han alineado. La gran espera terminó. Vengan a ver. No será televisado”: Oasis estaba de regreso.
Logré conseguir mi boleto en la venta exclusiva para fans y, a partir de ahí, comenzó la espera para ver a los hermanos Gallagher de nuevo en México. El tiempo voló, porque cuando me di cuenta ya me dirigía hacia el Estadio GNP para ser testigo de un concierto histórico.
La primera fecha se salvó de la lluvia, pero el sábado el cielo no tuvo piedad: un aguacero cayó sobre el recinto y se mantuvo durante la presentación de Cage The Elephant, quienes, pese a las condiciones, ofrecieron un show magnífico (ojalá pronto los tengamos de regreso en México).
A las 9 en punto, puntuales como buenos ingleses, el cielo se despejó, las luces se apagaron y en las pantallas gigantes comenzaron a aparecer los encabezados de prensa que anunciaban el gran regreso de Oasis, mientras los acordes de Fuckin’ in the Bushes llenaban cada rincón del estadio.

De pronto, los hermanos Gallagher salieron tomados de las manos, con los puños en alto, y en ese instante se acabaron 17 años de espera. Oasis volvía a tocar en México y miles de gargantas se unieron a ellos para cantar Hello, tema elegido para abrir los conciertos de su gira.
Durante dos horas, el público no paró de cantar ni de saltar. Cada tema era un viaje en el tiempo, un coro colectivo imposible de contener. Canciones como Morning Glory, Fade Away, Stand by Me, Slide Away, Little by Little y Live Forever hicieron retumbar el estadio. Uno de los momentos más épicos llegó con Cigarettes & Alcohol: esta vez Liam le cedió el mando a Noel para dirigir The Poznań, logrando que miles de fans giraran de espaldas al escenario para saltar al unísono.

Durante todo el concierto Liam no dejó de interactuar con el público mexicano, ya fuera con palabras o con gestos. Se notaba que los Gallagher se sentían a gusto, por lo menos así se vivió durante la segunda fecha.
Rock ‘n’ Roll Star marcó la primera despedida, pero todos sabíamos que faltaba más. El encore arrancó con The Masterplan, siguió con la emblemática Don’t Look Back in Anger y explotó con Wonderwall, canción para la cual Liam se puso un sombrero de charro. El cierre llegó con una nostálgica y poderosa Champagne Supernova, mientras el cielo se llenaba de fuegos artificiales. Un final tan épico como la espera que lo antecedió.

Escuchar a Oasis en vivo fue mucho más que un concierto: fue volver a esos domingos con mis primos, a mirar los partidos de futbol con mi papá y mi hermano, a esa sensación que se siente en la juventud de querer comerte el mundo. Porque al final, la promesa sigue intacta: You and I are gonna live forever.





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