Por Víctor Hugo Sánchez. Desde que cambié de estilo de alimentación, he dejado de frecuentar uno de mis restaurantes favoritos: Miguel, comida árabe.

Ubicado en la calle Córdoba 226 en la colonia Roma de la bendita CDMX, es un lugar con más de 60 años de existencia, dirigido por su fundador Jaime Escaba Mesdraje, fue el lugar emblemático que visitaron estrellas del cine nacional de la época dorada, ya que está muy cerca de lo que antes fue el Teatro “Silvia Pinal” (hoy convertido en oficinas e iglesia Pare de sufrir), tengo al menos 38 años de conocer su deliciosa y tradicional comida árabe y siempre ha mantenido el sazón y la calidad de sus insumos.

Fotos/cortesía

Y como soy de “casarme” con los platillos que me gustan, siempre que voy pido lo mismo, aunque la carta es vasta. Para empezar, te ofrecen de cortesía una especie de empanaditas fritas, rellenas de queso, y un plato enorme con cebollitas cambray, berro y lechugas que suelo aderezar sólo con limón y sal, en lo que llegan mis favoritos: jocoque seco con pan pita, ensalada tabule (que deliciosamente coloco en el pan pita con bastante jocoque), humus de garbanzo, arroz con lentejas, hojas de parra rellenas de carne molida de cordero, keppe charola (una especie de pastel de carne de cordero, bien cocido o frito, aunque también hay una versión en crudo que, la neta, nunca me he animado a probar), para luego rematar con un buen café árabe que, en ocasiones, hay lectoras de los asientos del café y pues a veces le juega uno al “no creo en esas cosas”, pero termino pidiendo mi lectura.

Y si bien le va, a veces los fines de semana hay bailarinas de danzas árabes que forman parte de crear el ambiente ideal. Y de los postres, no puedo comentarle mucho, porque no soy postrero, pero tienen desde los clásicos dedos de novia y una gran variedad de dulces árabes.

Pronto me daré una vuelta, porque es un clásico de la CDMX y porque siempre, siempre, siempre, me encontraré al dueño, que suele sentarse conmigo y contarme de las grandes figuras del mundo artístico que pudo conocer en su época de gloria, cuando había funciones de teatro de martes a domingo y sí o sí, los actores de las obras y los que asistían como público, terminaban cenando en este delicioso lugar.

Del cheque promedio, si es usted tan tragón como yo, calcúlele unos 600 pesos por persona (sin incluir tragos), aunque, con el menú que le conté, está perfecto para compartir entre dos personas porque los platillos son abundantes.

¡Buen provecho!

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