Francisco Macazaga, director de cine, escritor y productor, responsable del Cine Club Filosófico, que comenzará un nuevo ciclo por zoom de cuatro sesiones el próximo 3 de noviembre, comenta que a través del lenguaje fílmico se puede hablar de los grandes temas que inquietan a la humanidad.
En entrevista para Palabra Vacante, el cineasta cuyo CCF abordará el tema: Arte y vida contemplativa como resistencia a los algoritmos, detalla cuales fueron los motivos que lo llevaron a realizar una actividad que combina el lenguaje filosófico y el cinematográfico: “Realmente inició este proyecto con toda la inquietud de seguir cuestionando el cine, de hablar de películas que a mí me gustan”.
Las historias que más conmueven a Macazaga y que lo motivan a propiciar el encuentro con quienes comparte esta emoción, menciona, son aquellas que hablan de duelo, de redención, además se confiesa un apasionado de la ciencia ficción, su favorita: Blade Runner (1982) de Ridley Scott, basada parcialmente en la novela de Philip K. Dick ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (1968).
El cineasta refiere que las interrogantes son muchas: “Eso nos lleva a intentar cuestionar constantemente nuestro día a día, en qué invertimos nuestro tiempo, nuestros proyectos, la forma en que decimos lo que decimos. Fue casi una necesidad intentar llevarlo a un proyecto más formal”.
Y precisa cómo nace la idea del Cine Club Filosófico: “Es con el objetivo de que sea una herramienta más de pensamiento crítico y de llevarnos a no solo disfrutar el cine desde otro punto, sino también desde tener una brújula y también la oportunidad de escuchar el punto de vista de otras personas y decir, a mí me gustó esta película porque me hizo sentir esto, y tal vez lo pueda unir con algún tipo de corriente filosófica, me recordó esta frase, este poema, entonces esa es básicamente la inquietud de crear, estar todos los lunes hablando de una buena película enmarcada en un tema cada mes, y también básicamente que me permita fondear la vida y seguir moviéndome hacia la siguiente película”.
A pregunta expresa, el entrevistado refirió qué inquietudes habían tenido algunos de los integrantes del Cine Club anterior: “Cada semana es diferente. A mí me gusta decir que de los laberintos se sale por arriba, y eso es un poco lo que sucede, que algunas películas nos mueven y nos hacen cuestionar, nos hacen preguntas, y yo creo que eso es lo importante, que lo importante no es decir esta es la vida, este es el sentido de la vida, este es como se debería de vivir, sino justo hacer al final de la película, al final de cada sesión, que queden más preguntas que respuestas, y que nos lleva a cuestionar por qué estamos haciendo lo que estamos haciendo, si tenemos la oportunidad de movernos hacia una vida más digna, más serena, cómo cuestionar el sistema en el cual nos ha tocado existir, cómo intentar de alguna forma perturbar a los serenos y serenar a los perturbados”.
Macazaga aclara que la intención del cineclub no hacer una clase de filosofía, ni una cátedra “sino justo que se tuviera un espacio para poder hablar, y que cada quien dijera, a mí me movió este tema, porque me recordó a mi padre, a mi madre, me permitió cuestionar mi propio duelo, me permitió replantear por qué estoy trabajando en esto, etcétera, etcétera. De alguna forma, el espacio busca resignificar en dónde estamos parados para intentar construir algún futuro posible”.
Y agrega sobre prescindir de lo denso en el análisis cinematográfico filosófico: “Tanto en las películas que me gustan, como aquello en que estoy haciendo, busco olvidarme un poco del intelecto y más hacer sentir, y para eso pues está este lenguaje cinematográfico, están los planos, está la luz, está la música, y está sobre todo una historia que intente venir del corazón, pero que represente también la filosofía no como una cátedra, sino como las acciones que a veces no entendemos, que hacemos de manera irracional, pero que están cargadas de ideologías o de toda una forma de pensar, por ejemplo en este mes pusimos una película La promesa de los hermanos Dardenne (Luc Dardenne y Jean-Pierre Dardenne), y prácticamente pudiéramos pensar que no es una película filosófica, sin embargo es una de las que hemos tenido los debates más interesantes, porque justo dentro de las acciones del personaje cabe toda la ética y todas las dudas, un poco de la historia de la filosofía, entonces qué hacer tú en ese caso, quedarte sin hacer nada, ayudar, ser cínico, ser empático…».
Acerca de la dinámica del Cine Club Filosófico, Francisco explica que “para mí es un gusto filosofar todos los lunes a través de una película. Nos vemos en un grupo en línea vía zoom de 8 a 10 de la noche, yo les agrego cuando se inscriben las personas, yo les mando también las ligas para ver las películas, un curso de introducción a la filosofía, sobre todo para quienes no han leído o no se han acercado a ella, tener una pequeña, una muy breve introducción, para que no lleguen completamente en frío, aunque no es necesario verlo, pero yo se los envío, y también una lista de bibliografía para quienes quieran seguir leyendo sobre el tema”.
Finalmente, el cineasta, fundador de la casa productora Pintura del mar, diector y escritor de “El sueño del mar”, largometraje ganador FOCINE-IMCINE 2024, actualmente en postproducción y en desarrollo de su segunda película, señala que este año ha sido muy interesante para él en cuanto a la realización de sus proyectos «pude hacer mi primer largometraje, que todavía estamos en posproducción, que es otra odisea, yo pensé que lo complicado era llegar al rodaje y estar ahí durante ese mes. Lograr que convergieran todos estos deseos, todos estos sueños, este guion, pero realmente ahorita también nos hemos centrado en un viaje por terminar la película, y seguramente será otro poder llevarla a cines, a plataformas, y que llegue realmente a la audiencia, que es el objetivo, y pues obviamente intentando seguir escribiendo y produciendo lo que sigue».
El DATO
Una de las películas que incluirá el Cine Club Filosófico que inicia el 3 de noviembre es Amélie (Le Fabuleux destin d’Amélie Poulain) del 2001, dirigida por Jean-Pierre Jeunet.






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