Por Mario Rojas R.

Con evidente orgullo, El Hijo del Santo afirma: “No me retiro porque haya perdido, sino porque quiero cerrar mi historia con dignidad, con el corazón en alto y con la máscara intacta”.

A sus 62 años, Jorge Ernesto Guzmán Rodríguez, su nombre de pila, acepta que sólo cede la estafeta debido a su edad: “Este es el combate que ningún luchador puede evitar: el paso del tiempo”.

El popular gladiador de la máscara plateada se subirá por última vez al ring el 13 de diciembre para combatir en el Palacio de los Deportes ante Dr. Wagner Jr., Ángel Blanco Jr., L. A. Park y Alberto El Patrón, entre otros.

Su gira de despedida incluye una presentación en Monterrey el 29 de noviembre y una más en Guadalajara el 6 de diciembre.

“He vivido más de cuatro décadas sobre un cuadrilátero y hoy me toca hacer la lucha más difícil de mi vida: Decir adiós a lo que más amo. La lucha libre no sólo me dio un nombre, me dio una razón de vivir y despedirme de ella duele más que cualquier golpe recibido”, afirma.

En una muy concurrida reunión con periodistas, El Hijo del Santo explicó que sostener una carrera de más de cuatro décadas fue posible sólo gracias al amor que siente por la lucha libre.

“Nadie se mantiene en pie 43 años si no ama lo que hace. He sangrado, he llorado y también he reído detrás de esta máscara. Sólo quien ama profundamente lo que hace, entiende lo que significa entregarse todos los días, aunque el cuerpo duela. Detrás de cada victoria hay caídas, cicatrices y noches de soledad. Pero también hay amor. El amor a un legado: Mi carrera ha sido una historia de fe, disciplina y resistencia”.

Fotos/Mario Rojas

Contrario a lo que en su momento hizo su padre de subirse su máscara a la mitad de la nariz, El Hijo del Santo planea mantener oculta su identidad incluso después de su retiro.

“Yo no lo haría. Él quiso darle un poquito de justicia al ser humano que estaba debajo de ella, pero no es necesario. Me voy con mi máscara intacta y seguiré siendo El Hijo del Santo por algunos años más, pero en otras plataformas”.

Despedirse en el Palacio de los Deportes le resulta significativo: “Es un lugar muy simbólico para la lucha libre mexicana, sobre todo para nosotros los luchadores independientes. Además, ahí mi padre obtuvo una de las últimas máscaras que ganó y fue en ese lugar donde se despidió”.

Tiene absoluta confianza en que su hijo, El Santo Jr., continuará de manera brillante el legado de su abuelo y su papá.

“Me encanta que mi hijo continúe el legado. Tiene capacidad para hacer su propio camino. Me parece un gran luchador tanto técnica como físicamente y llegó el momento de que haga su historia y marque su destino”.

Y precisamente luchar junto a su hijo hará todavía más especial la noche de su adiós.

“Me llena de satisfacción que me acompañe en el ring, a mí me hubiera gustado hacerlo con mi papá, pero no se dio la oportunidad. Será maravilloso”.

El Hijo del Santo terminó pidiéndole a las nuevas generaciones que dignifiquen la profesión.

“Le pido a mis compañeros que respeten a la lucha libre, al público y le den a la gente la esencia real de este espectáculo, pero, sobre todo, que no se suban a un ring por querer ser famosos, sino por pasión y amor por este deporte”.

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