Por Víctor Hugo Sánchez.
Cuando me da flojera ir hasta el mercado para comer comida casera y sabrosa, no dudo ni un minuto en darme una vuelta por La casa de la Yeya que, además de que me queda a una calle de distancia, siempre resulta infalible.
Tipo fonda, con menú diario de tres tiempos, La casa de la Yeya ofrece opciones varias y diversas; la atención siempre amable de sus empleados y el sazón casero que caracteriza a este lugar que cuenta con tres sucursales: dos en la colonia Del Valle y una en la colonia Clavería, también ofrece una carta abundante desde desayunos y comidas.

Desde unos abundantes chilaquiles, unos huevos divorciados (ambos, acompañados de frijoles refritos), o al gusto, omelettes, enchiladas suizas, flautas ahogadas, jugos naturales o agua de fruta del día, también cuenta con carnitas, barbacoa, gorditas, huaraches y quesadillas, más o menos lo que ofrece el menú mañanero.
Aunque para ser una fonda, los precios son un poco elevados, si comparamos con otras fonditas de la colonia, pero aquí la garantía del sabor vale la inversión. Y aunque soy de esos que se casan con un platillo (en este caso, el caldo de pollo desmenuzado o el tlalpeño con muslo entero), me he animado a pedir otras cosas, como los tacos de carnitas que, mñeh, malos no son, pero resultan cumplidores; he probado también la carne asada; las albóndigas al chipotle (que no recomiendo para nada); los jueves de pozole que, digamos, cumple. Los frijoles de la olla, imperdibles. El chicharrón en salsa verde o roja, también de mis favoritos.

Mi hija, que suele probar diferentes cosas, me ha dicho que la hamburguesa tradicional es cumplidora, pero que prefiere mil veces más las del Chili’s; ha comido la oreja de elefante, tanto de res como de pollo, y siempre termina por no acabarse, de lo enormes que son.

Si no conoce La Casa de la Yeya, dese una chance; por algo existen desde 1992 y siempre están llenos de gente, sea en la mañana o a la hora de la comida. Comerá rico y saludable porque en los 14 años que tengo viviendo aquí, calculo que voy a comer ahí al menos una vez a la semana y nunca me he enfermado.
¡Buen provecho!





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