Lentejuelas, brillantina, baile, lágrimas y una nostalgia que invadió a los casi 200 mil asistentes al Zócalo este sábado, en torno al único ídolo que ni muerto deja de abarrotar plazas gracias a su música, su obra y su irrepetible figura: Juan Gabriel; lo hizo de nuevo y nos llevó a aquella época, en la que la gente disfrutaba de un concierto sin sacar un celular, aquella época del viejo PRI, que le abrió las puertas del Palacio de Bellas Artes al “Divo de Juárez”, quien este sábado nos recordó “El México que se nos fue.”
Poco antes de las 20:00 horas, frente a un escenario colocado frente a catedral, y a un costado del Palacio Nacional, México, miraba expectante las trivias colocadas en pantallas gigantes por la plataforma Netflix, algunos acertaban, otros solo observaban, en medio de la vendimia que ofertó todo tipo de artículos, y de varios que buscaban un espacio para disfrutar de un concierto que se efectuó en mayo de 1990, pero que esta mas vigente que nunca.

Con una duración de 45 minutos extraídos de las dos horas que duró el concierto de 1990 en Bellas Artes, Alberto Aguilera, logró lo que hasta el momento ningún otro en este país: poner a cantar a hombres y mujeres de todas las edades que lo mismo bailaron, lloraron y algunos hasta sacaron “los prohibidos”, ya sabe, aquellos pasos que le dieron fama mundial a Juan Gabriel, esos pasos que en mas de una ocasión tiraron del escenario al gran divo, oriundo de Michoacán, pero de corazón juarense.
“Anoche, Juan Gabriel presenció su concierto con gran emoción al ver a sus seguidores abarrotando el Zócalo, hasta el punto de que las lágrimas rodaron por su rostro al ver a toda la gente que lo quiere y a quien agradece individualmente”, escribió este domingo quien fuera su amigo –y que ahora es considerado el traidor de su historia-, Joaquín Muñoz, conocido por el libro “Juan Gabriel y yo”.
Algunos de los asistentes lo tildaron en redes sociales de “loco”, otros más, dijeron que “ojalá fuera real”. Y es que México, no se resigna a la partida ya hace casi 10 años de su “Juanga”, de su ídolo, de aquel que fue amado por hombres y mujeres, que rompió techos de cristal para una comunidad marginada, excluida, y señalada; a Alberto se le sigue extrañando, cuando muere una madre y cantamos con el dolor a flor de piel “Amor Eterno”.
En México muchas cosas han cambiado desde aquel concierto, pero el sentimiento sigue intacto, las letras más profundas que nunca, esto, en un país ávido y “necesitado” de amor, de alegría, de buenas noticias, de exponentes que confronten al sistema, que dejen sus tibiezas y que, aunque muchas veces puedan no agradar con sus comentarios siempre se atrevan a ser quien son.
La función del sábado estableció además un nuevo récord global de asistencia para un evento presencial organizado por Netflix, según la plataforma de streaming, que se asoció con la Secretaría de Cultura capitalina para realizar el evento en la también llamada Plaza de la Constitución.

La proyección del debut de Juan Gabriel en Bellas Artes fue parte de la promoción de Netflix de su nueva docuserie dedicada al ídolo mexicano, Juan Gabriel: Debo, Puedo y Quiero, estrenada el 30 de octubre.
“Hasta que te conocí”, “Querida”, “Amor eterno” y el repertorio del ídolo, conmovieron a la audiencia hasta las lágrimas, una audiencia alejada de aquellos tiempos en que el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) y su director de entonces, el poeta y promotor cultural Víctor Sandoval, enfrentaron una ola de críticas, cartas y llamadas que exigían la cancelación del concierto.
Una noche mágica, con familias reunidas, personas de la tercera edad con la ilusión en su mirada, de ver por lo menos en pantalla a su ídolo, emergido del pueblo, salido de la pobreza, esa que enfrentan miles de mexicanos, aún en estos tiempos, con un PRI ahora color guinda, atrás quedó el programa “Solidaridad”, hoy México tiene Becas del “Bienestar”, mucho ha cambiado, otras cosas siguen igual, otras peor, pero Juan Gabriel es querido por todos los colores, por todas las edades, porque el michoacano más juarense deja claro que “Lo que se ve no se pregunta”.
“La explosión de homofobia, ese escudo de fe machista, ese sello de intolerancia como aureola de integridad”, tal y como lo dijo Carlos Monsiváis, quien apoyó abiertamente la presentación “Del Divo” en los 90’s, no ha cambiado en su totalidad, aún hay expresiones de odio y de denostación en muchos sectores en el país, aún faltan muchas luchas para lograr llegar a la justicia, pero si alguien une a México, muerto o vivo, es Juan Gabriel.
“Yo como michoacano, chihuahuense y mexicano en lo mío, lo mío hago por mi patria y la patria de mis padres y abuelos, siempre haciendo canciones, siempre cantando y bailando, y por toda la vida sirviendo a mi país; el ejemplo es el que habla, lo que está pasando, pasó en 1914 y ahora México está mejor, todo sucede para mejor, el PRI y yo lo sabemos. Por eso él nunca (el PRI) se irá y yo tampoco”, dijo Juan Gabriel en 2014, en una carta dirigida al expresidente Enrique Pena, y como siempre Juan Gabriel no se equivoca, el sábado pudimos ser testigo de que el divo no muere y el PRI, solo se transforma, mientras México, sigue diciendo a su showman “tu estas siempre en mi mente.”





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