Terminar un libro siempre te da alivio. Darle punto final a una historia siempre es reconfortante, hasta que lees El monstruo pentápodo de Liliana Blum. Han pasado días desde que cerré por última vez sus páginas y no puedo quitarme el mal sabor de boca de esa lectura. Camino por la calle y veo niñas sintiendo un vacío en mi estómago.
Leer este libro no fue nada fácil, me detuve varias veces en mi lectura, pero no porque la escritura fuera mala, al contrario, Liliana Blum te envuelve tanto en la historia que es inútil no sentir coraje, asco y hasta miedo por todo lo que en ella se refleja y porque sabes muy dentro de ti que lo narrado no se queda en papel, sino que ocurre en la vida real y en cualquier parte del mundo.
La historia
Raymundo Betancourt es el protagonista de El monstruo pentápodo, un libro que narra la vida del asesino y psicópata que mantiene presa a Cinthia, una pequeña niña, en el sótano de su casa bajo el cuidado de su pareja Aimeé, una mujer que se debate entre accionar o no ante lo que ocurre dentro de su casa.
La relación que se crea entre Cinthia y Aimeé va del cuidado al maltrato y esto se refleja en los diarios de Aimeé y en las cartas que jamás encuentran respuestas de su amado.
Con el pasar de las hojas no pude más que sentir enojo, pero al mismo tiempo, compasión por las mujeres de la historia, algo que, sin duda, logra espléndidamente Blum con sus obras. Nos descubre una realidad que viven las mujeres y que muchas veces pasa desapercibida o incluso buscamos ignorarla. Sin duda alguna, nos enfrenta con aquello que más tememos las mujeres: la violencia y duele aún más cuando nos enteramos de que es ejercida ante una niña.
Libros de más monstruos
Sin duda, después de leer esta novela no puedo dejar de pensar en los últimos libros que he leído que hablan acerca de violencia, desapariciones, violaciones, muertes, todas ellas no solo reflejan lo que vivimos en México a diario, sino que nos muestran una realidad cruda que ocurre frente a nuestras narices sin que podamos hacer nada al respecto.
Me pregunto si estos libros buscan incomodar al lector, crearle rabia o indignación y que lo dejen pensando, analizando y lo lleven no solo a la lectura, sino también a la acción para no seguir permitiendo todo aquello que leemos en ellos.
Cabria preguntarse entonces ¿estos libros nos ayudan a empatizar con el otro que sufre o simplemente los leemos por mero morbo?





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