Por Mario Rojas R.

Para Sebastián del Buen Ayre la tecnología y la Inteligencia Artificial no representan un peligro para la actividad artística.

“El arte está hecho por el ser humano y ningún algoritmo puede producir lo que un artista hace porque es algo orgánico. La tecnología como tal no es negativa, depende del uso que se le da”, dice el bailaor y creador flamenco que el próximo jueves 11 presentará en el Lunario del Auditorio Nacional su espectáculo Noises Flamenco.

El artista argentino, precisa: “El humano es quien crea y no veo mal que utilice todas las herramientas que tiene a su alcance, pero siempre que prevalezca la esencia personal. Yo no le daría el trabajo a una inteligencia artificial para hacer un espectáculo”.

Originario de Buenos Aires, desde temprana edad el bailarín y creador escénico con más de 30 años de trayectoria internacional ha construido una estética en la que la raíz flamenca convive con búsquedas personales.

“En Noises se conjuntan movimiento, música, baile, proyecciones. Se llama así porque hace referencia a los otros ruidos, las otras músicas que forman parte de mi vida: la electrónica, el jazz, el blues. Como artista conceptual mezcló todas esas otras músicas con el flamenco para crear una atmósfera diferente. Hay que imaginarlo como si fuera un gran platillo donde hay diversos ingredientes que lo conforman y es potente en sabores, en texturas, en colores, en sensaciones”.

El espectáculo, reitera, “es esa mezcla de diferentes mundos que se verán arriba del escenario a través del hilo conductor que es el flamenco, la danza, la música en vivo y las proyecciones que ambientarán y darán una atmósfera completamente diferente”.

Al público mexicano le encanta el flamenco: “Hay un público de nicho que se apasiona, pero hay otro que tiene la mente abierta y ganas de conocer nuevas sensaciones”.

Rechaza que para disfrutar de su espectáculo la gente debe ser conocedora del flamenco.

“No necesariamente debe entender o ser un erudito del flamenco. Todo ser humano tiene la capacidad para comprender sin haberse instruido sobre un arte. Es como cuando vas a un museo, puedes saber o no de historia del arte, puedes saber o no de pintura, pero el cuadro en general te va a transmitir algo que tú vas a reinterpretar a tu forma y te va a expandir la mente. En ese sentido, el público mexicano es muy abierto”.

Aun cuando tres décadas de trayectoria lo respaldan, asegura que cada vez que va a subir al escenario, el nervio se hace presente.

“Quien diga que no se pone nervioso o no siente ese fuego por dentro, esas mariposas en el estómago, ya dejó de ser artista o murió en vida. Soy de los que pugnan por sentirse siempre joven, como un niño, con esa capacidad de asombrarse de uno mismo, de lo que puede hacer, disfrutar del proceso creativo y también de esos nervios que a veces te dan, porque cuando uno se sube al escenario esta esa adrenalina, pero disfrutamos del proceso creativo, de sorprenderme y con esa energía llego arriba del escenario”.

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