Por Víctor Hugo Sánchez.
Los conozco desde hace 40 años y, sin duda, entran en mi categoría de favoritos. Le he contado que mi máximo son los de Taquería El Progreso, pero los Tacos Manolo no se quedan muy lejos y bien podrían estar en mi segundo lugar de especialidades.
Y es que aquí, los clásicos “Tacos Manolo” (bistec finamente picado, tocino y cebolla caramelizada y reducida en salsas varias -secreto de la casa-, frito en aceite y cocinado en una plancha) son únicos. Han tratado de imitarlos, pero nunca lo han logrado. Y es que esa salsa con la que lo bañan al final lleva (seguramente) inglesa, jugo Maggie, limón y algo más que nadie ha logrado descifrar, y que los hace únicos en el mercado taquero de esta bendita CDMX.

Ubicado de origen en un puesto de lámina, en la calle Luz Saviñón, esquina con Avenida Cuauhtémoc (nunca he sabido si sigue siendo la colonia Del Valle o si ya pertenece a la Narvarte, pero da igual), durante unos 15 años se mantuvieron en ese breve espacio, hasta que por fin dieron el salto y se posicionaron de tres locales bastante grandes en la acera de enfrente (misma dirección) y crecieron la carta a otras variedades de tacos: lengua (éstos dejaron de ser buenos, cuando dejaron de comprar carne de importación), suadero, árabes, pastor, pollo y costilla de res. Y, todo esto, en gringas, volcanes, sopes y hasta en tortas. ¡Para todos los gustos! Frijoles charros, sopa de tortilla, parrillada… Una carta bastante extensa y recomendable. Cabe señalar que, si es de los que gusta de comer un taco de pie, como se debe, el puesto original sigue operando de manera tradicional: a partir de las 7pm, y hasta la una o dos am, siendo un buen destino para bajar la fiesta y seguirla, o parar ahí y bajarle al chupe.

Pero nada de esto tendría sentido sin sus salsas: la de cacahuate (cero picante; no es mi fav, por cierto), la roja, la verde y unas rajas de chile manzano con enormes rodajas de cebolla, encurtidas en jugo de limón, para los que somos amantes de que un taco pique hasta hacernos chillar.
Tan buena la calidad de su bistec, que te retan a encontrar un solo pellejito o gorditos en cada taco. Lo malo: su tamaño. Te comes cada taco en dos mordidas, así que vaya preparado para echarse, de menos, unos 8 de la especialidad de la casa.

Puede acompañar sus tacos de una buena chela o de un tradicional refresco o de sus aguas frescas (de fruta, se entiende), y vaya de perdis con unos 200 pesos por persona porque, baratos-baratos no son. Aunque aquí entra el paradigma aquel de costo-beneficio. Y, sí; no se arrepentirá, porque vale la pena cada maldito peso invertido en taquear como se debe: con ganas y sin culpas ni remordimientos.

Recuerde bien: Tacos Manolo, en la mera esquina de Avenida Cuauhtémoc y Luz Saviñón.
Y, ahora sí, buen provecho.





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