Londres.— El 10 de enero se conmemora el aniversario del nacimiento de David Bowie, uno de los artistas más influyentes del siglo XX y un referente ineludible de la transformación constante en la cultura popular. Nacido en 1947, Bowie no solo redefinió la música rock y pop, sino que convirtió el cambio en una forma de arte.
Camaleónico por excelencia, Bowie entendió la identidad como un territorio en permanente construcción. A lo largo de su carrera creó y encarnó personajes que marcaron época, desde el extraterrestre andrógino Ziggy Stardust hasta el aristocrático y perturbador Thin White Duke. Cada alter ego no era un simple disfraz, sino una propuesta estética y conceptual que dialogaba con su tiempo y lo desafiaba.
Esa capacidad de mutar se reflejó también en su sonido. Bowie transitó por el glam rock, el soul, la electrónica, el pop experimental y la vanguardia berlinesa sin perder coherencia artística. Su obra mostró que reinventarse no implica traicionarse, sino profundizar en la búsqueda creativa.
Más allá de la música, su influencia se extendió a la moda, el cine y las artes visuales. Con una mirada siempre adelantada a su época, Bowie abrió espacios para la ambigüedad, la libertad de expresión y la ruptura de normas, convirtiéndose en un símbolo para generaciones que encontraron en él una voz distinta.
A casi una década de su muerte, el legado de David Bowie permanece vivo. En cada aniversario de su nacimiento, su figura vuelve a recordarnos que el arte, como la identidad, no es estático, sino un movimiento constante, audaz y profundamente humano.

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