Por Mario Rojas R.
Rutas de neón, de Antonio Berumen, es una novela humorística, frenética y descaradamente gay.
El protagonista y narrador es Egidio La Vaquera Murrieta, un trailero espacial que quiere jubilarse tras una vida transportando litio de Sonora a Marte. Su último viaje, que hará abordo de su querida nave La Pomposa, lo involucrará en una conspiración intergaláctica y lo hará huir despavorido de los polidrones.
Repleta de personajes fantásticos, espías, robots y cantinas del espacio, el libro de Antonio Berumen es diversión asegurada para los lectores de la ciencia ficción más atrevida.
Su autor, platicó con Palabra Vacante.
Rutas de neón rompe con las historias tradicionales de ficción, ¿cómo surgió la idea de poner a un trailero a manejar una nave espacial?
Allá en Sonora la cuestión del homosexualismo todavía es un tema tabú, pero a puerta cerrada se discute mucho, pues grandes personajes de la historia del estado han tenido una experiencia al respecto. Se sabe también que en la zona fronteriza se organizan bailes gigantescos en donde vaqueros fornidos, bigotones y ensombrerados se van a bailar pegados, mejilla con mejilla. De ahí surgió la historia de La Vaquera, una historia de la zona fronteriza.
Egidio, tu protagonista, rompe con el arquetipo del héroe espacial, ese que nos han contado en Hollywood…
Es correcto, me han dicho que la mayoría de las historias de ciencia ficción que nos presentan tienen esos matices hollywoodenses, con personajes que no dejan de ser antihéroes, con una experiencia militar y un propósito, el cual logran cumplir porque cuentan con habilidades extraordinarias. En el caso de Egidio La Vaquera Murrieta no es así. Él es un simple trailero que busca concluir su último viaje para retirarse, pero por azares del destino se encuentra con un episodio totalmente ajeno a sus aventuras y gracias a eso toma una serie de decisiones que lo llevan a conocer a personajes igual de rotos que él y, por así decirlo, infringen las reglas convencionales de todos esos héroes tradicionales que nosotros hemos visto a lo largo de nuestra vida en el mundo de la ciencia ficción.
El gran motor de esta epopeya espacial no es salvar el universo, sino algo bien cotidiano…
Ándale, es correcto, como ir a plantar un árbol en Guamúchil, su tierra natal. La historia se centra precisamente en eso, es un viaje de retorno, un regreso a las raíces. De hecho, algunos lectores me han comentado que les gusta porque la historia refleja esa identidad mexicana y eso me agrada porque como lector de ciencia ficción estoy harto de encontrarme con historias demasiado digeridas donde ya contamos con una tecnología suficientemente avanzada o ciudades cristalinas o puras. Aquí no, simplemente es un futuro fracasado, un futuro en el que cada quien hace lo que puede para sobrevivir y en el caso de La Vaquera Murrieta, cuya experiencia es de trailero, pues pasa a ser como un trailero en el espacio transportando un material de gran importancia para los gobiernos mundiales.
La novela abraza la temática LGBT, ¿era importante para ti esta representación en la ciencia ficción?
Déjame decirte que La Vaquera en sí es una crítica social a lo que en el norte se suele visualizar: el vaquero al que siempre se le atribuye esa idea de macho, de todas mías. Entonces, presentarlo aquí era darle visibilidad a una comunidad que ha puesto en alto su modo tan extrovertido y esa manera de ser. Quería que el espacio tuviera ese salvajismo porque también lo podemos encontrar en las comunidades que preservan su autenticidad y gracias a eso hemos visto grandes personajes LGBT en la historia que dejan su impronta, por su personalidad han dejado un historial colectivo que ha trascendido.
La novela tiene un humor ágil, ¿te costó trabajo balancear el lenguaje técnico espacial con el lenguaje popular?
Como lector me gusta mucho el diálogo porque si no aparece, pierdo por completo la conexión con el personaje. Yo quería darle a La Vaquera esa autenticidad en su voz, que cuando hablara o cuando explicara determinada cosa, conservara ese aire porque la forma en la que uno habla, tan transparente y tan única, es lo que le da esa autenticidad a la historia. Quería que La Vaquera fuera un personaje que por sí solo contara una historia que se sintiera cercana. De ahí surge el humor ácido porque mi intención era que el lector no sintiera que le estuviera dando una clase de física o de otra materia. Quería una aventura como tal, vívida.
El lenguaje popular y el albur son herramientas de sobrevivencia…
Es correcto, y son herramientas muy nuestras, características de nuestro idioma y aparte que lo enriquecen, nosotros, todos los mexicanos, tenemos esa habilidad de jugar con el lenguaje: el albur, los refranes, todo es un juego de palabras que gracias a su influencia ha permitido a autores como Armando Ramírez jugar, divertirse, porque vuelven suyo ese lenguaje y al mismo tiempo hacen que el lector se sienta identificado con él.
La música juega también un papel importante en esta historia, si pudieras subirte a La Pomposa, ¿qué música le pedirías a Egidio que pusiera?
Siempre me han gustado muchísimo Los Tucanes de Tijuana, Vivir de noche es una canción que le queda al dedillo. Sí, la música también es algo fundamental. En lo personal, la música siempre ha sido una influencia no solo elemental, sino crítica a la hora de escribir porque también es un diálogo interno que tiene el personaje con el lector. Al fin y al cabo, la música nos conecta y nada mejor que el género regional. Entiendo que hay diferentes vertientes musicales, hay bandas americanas, pero también las hay mexicanas, nuestras, y gracias a ellas me imagino estar abriendo una lata de cerveza o comer una botana de chicharrón con aguacate.
De cierta manera esta novela es una propuesta arriesgada, ¿cómo ha sido la respuesta de tus lectores?
Muchos lectores me han aplaudido, sobre todo por el personaje protagonista. Yo me divertí muchísimo al escribir la novela y al crear a La Vaquera. Uno de mis objetivos era lograr que trascendiera y se sintiera como cualquier otro amigo que tenemos y con el cual podemos relacionarnos por su manera de expresarse y de actuar.
Título: Rutas de neón
Autor: Antonio Berumen
Editorial: Fondo de Cultura Económica
Páginas: 125





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