Al leer Sobre héroes y tumbas, de Ernesto Sábato, libro al que llegué después de la maravilla narrativa que me pareció El túnel, del mismo autor, me hice una pregunta: ¿Ernesto Sábato ganó el Premio Nobel de Literatura?

La respuesta me llevó a una sorpresa mayor: ningún escritor argentino ha recibido hasta ahora el Nobel de Literatura, el galardón que concede anualmente la Academia Sueca.

¿Cómo es posible que un país con una tradición literaria tan poderosa no tenga un Nobel de Literatura? Argentina ha dado a la lengua española autores como Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Leopoldo Lugones y, entre los escritores contemporáneos, César Aira, Samanta Schweblin y Mariana Enriquez, por mencionar sólo algunos. Sin embargo, ninguno aparece en la lista de los laureados.

Y la pregunta resulta todavía más curiosa cuando se piensa en la influencia que la literatura argentina ha tenido mucho más allá de sus fronteras. Borges, por ejemplo, se convirtió en una referencia fundamental de la literatura universal y, aunque fue candidato recurrente al Nobel, nunca recibió el reconocimiento de la Academia Sueca.

Lo mismo ocurrió con Sábato. Su obra, marcada por la exploración de la soledad, la angustia, la identidad y las zonas oscuras de la condición humana, encontró lectores en distintas partes del mundo. El túnel, publicado en 1948, y Sobre héroes y tumbas, de 1961, forman parte de una obra que sigue provocando nuevas lecturas décadas después.

Para quienes amamos la lectura, quizá la mejor referencia del valor de estos escritores no sea necesariamente un premio. Ya conocemos su talento a través de las obras que hemos leído, de los personajes que permanecen en nuestra memoria y de las preguntas que sus libros siguen planteándonos.

Pero el Nobel tiene algo particular: funciona también como una puerta de entrada. Los nombres de escritores que quizá antes nos resultaban lejanos se vuelven familiares cuando reciben el galardón. Un ejemplo reciente es la escritora surcoreana Han Kang, ganadora del Nobel de Literatura 2024 por una obra que la Academia Sueca reconoció por su prosa poética y su acercamiento a los traumas históricos y la fragilidad de la vida humana.

Algo similar ocurre con otras literaturas. El Nobel puede llevar a los lectores hacia países, lenguas y contextos que antes desconocían. En América Latina, por ejemplo, el reconocimiento ha recaído en escritores como Gabriela Mistral, de Chile; Miguel Ángel Asturias, de Guatemala; Pablo Neruda, de Chile; Gabriel García Márquez, de Colombia; Octavio Paz, de México, y Mario Vargas Llosa, de Perú.

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