Un ajolote que vivió hace alrededor de cuatro millones de años podría aportar nuevas pistas sobre la evolución de estas salamandras mexicanas. Se trata de Ambystoma quetzalcoatli, una especie extinta identificada a partir de 12 fósiles encontrados en el yacimiento de Sanctorum, en Santa María Amajac, Hidalgo.
El hallazgo será presentado el 7 de octubre durante la conferencia La primera especie de salamandra fósil descrita en México (Ambystoma quetzalcoatli), a cargo de los investigadores Jorge Herrera Flores y María Patricia Velasco de León, del Laboratorio de Biología Comparada de la Facultad de Estudios Superiores Zaragoza de la UNAM.
La actividad abrirá el ciclo de conferencias conmemorativas por el Día Internacional del Fósil, organizado por el Consejo de Paleontología (Conpal) del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), y también marcará el cierre del Seminario Estudios Paleontológicos 2026.
Los fósiles fueron descubiertos a principios de la década de 2000. En 2007, la investigadora Argelia Solórzano-Aguilera los identificó como pertenecientes al género Ambystoma, al que también pertenece el actual ajolote mexicano (Ambystoma mexicanum). Sin embargo, fue hasta junio de 2026 cuando Herrera Flores y Velasco de León establecieron que los ejemplares correspondían a una especie hasta entonces desconocida.
De acuerdo con los investigadores, las diferencias observadas en la morfología del cráneo fueron determinantes para establecer la nueva especie. Entre ellas se encuentran la forma y disposición de las aberturas entre los huesos del cráneo, una abertura alargada en su parte superior y características particulares del paladar.
También encontraron diferencias en la columna vertebral: los ejemplares presentan 17 vértebras troncales, mientras que la mayoría de las especies del género tiene 16 o menos.
El ejemplar designado como holotipo —el fósil utilizado para definir formalmente una nueva especie— corresponde al registro CFZ-ST 1233. Se trata de un individuo adulto del que se conservaron el cráneo, parte anterior de la columna vertebral, la cintura pectoral y las extremidades anteriores. Los otros 11 ejemplares, correspondientes tanto a individuos juveniles como adultos, fueron utilizados para analizar la variabilidad de la especie.
El nombre quetzalcoatli hace referencia a Quetzalcóatl, la deidad de la serpiente emplumada, y establece además un vínculo con Xólotl, personaje de la tradición mesoamericana que da nombre a los ajolotes actuales.
Para Eduardo Corona Martínez, presidente del Conpal, el hallazgo resulta relevante para el debate sobre la taxonomía del género Ambystoma y podría representar el registro más antiguo conocido de este grupo en México.
Un antiguo sistema lacustre
Los fósiles fueron localizados en la formación Atotonilco el Grande, correspondiente al Pleistoceno. El sitio de Sanctorum también ha proporcionado restos de peces, ostrácodos, diatomeas, ranas y flora ribereña.
El conjunto de evidencias ha permitido plantear que en la región existió un sistema lacustre de aproximadamente 85 kilómetros cuadrados, un ambiente que habría formado parte del ecosistema en el que vivió Ambystoma quetzalcoatli.
Los 12 ejemplares se encuentran actualmente bajo resguardo de las colecciones de paleontología de la UNAM.
Más investigaciones sobre el pasado
El ciclo de conferencias continuará el 8 de octubre con Desentrañando la historia evolutiva de la familia Teratornithidae, dedicada a las grandes aves extintas de hábitos carroñeros cuya desaparición podría estar relacionada con la extinción de la megafauna.
El 9 de octubre se presentará México, la antesala del Gran Intercambio Biótico Americano, sobre el proceso que transformó las faunas de América del Norte y América del Sur. La conferencia abordará los resultados de una investigación publicada en la revista Science, que plantea que México funcionó desde hace unos 10 millones de años como una región de acumulación y diversificación de mamíferos provenientes de zonas más septentrionales de Norteamérica.
Las tres conferencias se realizarán a las 11:00 horas y podrán seguirse de manera gratuita a través del canal INAH TV, en YouTube.





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