¿Coincidencia o destino? Ahora que octubre se ha convertido en la fecha consentida de los amantes del terror, ante la proximidad del Halloween, cobra especial sentido que en este mes haya muerto uno de los autores más representativos de la literatura gótica: Edgar Allan Poe.

El poeta y narrador, considerado uno de los mejores cuentistas de todos los tiempos, nació el 19 de enero de 1809 en Boston, Massachusetts, y murió el 7 de octubre de 1849 en Baltimore, Maryland.

La imagen sombría de Edgar Allan Poe, como un Chaplin sad, con su mirada melancólica, el cabello oscuro y ese aire de personaje salido de uno de sus propios relatos, también se ha convertido en un ícono de la cultura popular. Su rostro aparece en camisetas, tazas, carteles, ilustraciones y toda clase de objetos vinculados con el terror.

Detrás de esa estética que vemos actualmente en redes sociales y tiendas, sin duda se encuentra vigente una obra que ha trascendido generaciones y que sigue encontrando nuevos lectores como lo vemos en las ferias de libros y en las mismas librerías.

Por eso, ahora que en las redes sociales muchos millennials y centennials manifiestan su entusiasmo por esta celebración previa al llamado Día de Brujas, vale la pena traer nuevamente la figura del maestro del terror y su creación al ojo público, y hacernos la pregunta del por qué ha sumado admiradores entre las nuevas generaciones.

El cuervo, El corazón delator, El gato negro, La caída de la casa Usher y Los crímenes de la calle Morgue son algunas de las obras más conocidas del autor estadounidense. Sus cuentos y poemas continúan publicándose en numerosas ediciones alrededor del mundo, pues los textos originales de Poe se encuentran en el dominio público.

De acuerdo con información de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, las obras publicadas antes de 1929 forman parte actualmente del dominio público, por lo que pueden reproducirse y publicarse sin autorización de los titulares de derechos sobre los textos originales.

Al revisar algunas de las adaptaciones de su obra, resulta evidente hasta dónde ha llegado la influencia de Poe en otras expresiones artísticas. Sus cuentos y poemas han sido llevados al cine, el teatro, la televisión y la música.

Por ejemplo, The Avenging Conscience, película muda de D. W. Griffith de 1914 inspirada en El corazón delator y Annabel Lee.

En la reciente serie La caída de la casa Usher, de Mike Flanagan, las historias de Poe han llegado a un gran público. En la música, su influencia aparece en el álbum Tales of Mystery and Imagination, de The Alan Parsons Project, construido a partir de varios de sus cuentos y poemas, asó como en Corazón delator, de Gustavo Cerati, y The Raven, disco de Lou Reed surgido de un proyecto teatral sobre el escritor.

Y aunque no todos sus relatos provocan miedo en el lector contemporáneo, como Los crímenes de la calle Morgue, por ejemplo, que termina con la revelación de que los asesinatos fueron cometidos por un orangután (spoiler), la obra de Poe inquieta, sorprende y despierta la imaginación.

Quizá por eso, casi dos siglos después de su muerte, Edgar Allan Poe sigue encontrando lectores entre quienes descubren, en octubre o en cualquier otra época del año, el placer de asomarse a sus páginas.

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