El escritor francés conversó en la Sala Miguel Covarrubias sobre la evolución de su obra, la realidad como materia literaria y sus lecturas de autores mexicanos
La obra del escritor francés Emmanuel Carrère ha evolucionado desde sus primeras novelas de ficción, como El bigote y Una semana en la nieve, hacia una literatura cada vez más vinculada con la realidad, la experiencia personal y el contexto histórico, como ocurre en El adversario y en su más reciente libro, Koljós.
Así lo compartió durante una conversación realizada en la Sala Miguel Covarrubias del Centro Cultural Universitario, en el marco del Festival Cultura UNAM. La charla fue presentada por Rosa Beltrán, coordinadora de Difusión Cultural UNAM, y moderada por Julia Santibáñez.
Durante alrededor de una hora y media, Carrère, habló de su creación literaria y sobre la relación entre la interioridad del escritor y aquello que ocurre en el exterior y que también puede convertirse en materia de escritura.
A pregunta expresa sobre la manera en que construye sus historias, el autor explicó que las va tejiendo a partir de los hilos que se desprenden durante el propio proceso creativo, una forma de composición que, dijo, también podría compararse con la música.
“He juntado a lo largo del tiempo varias voces”, expresó Carrère al referirse al carácter polifónico que ha adquirido parte de su obra.
En ese sentido, el escritor planteó una de las ideas que atraviesan su concepción de la literatura: “El mundo se divide en dos cosas, lo que somos y lo que no somos”.
A partir de esta división, explicó que es posible escribir tanto desde aquello que forma parte de la experiencia propia como desde realidades que no corresponden directamente al escritor. En su obra, esta aproximación le ha permitido abordar historias protagonizadas por personas y acontecimientos alejados de su propia experiencia.
Uno de los ejemplos es El adversario, libro en el que reconstruyó la historia de Jean-Claude Romand, quien asesinó a su esposa, sus hijos y sus padres después de haber llevado durante años una vida basada en una identidad falsa.
Otro caso es V13, donde Carrère abordó los atentados terroristas ocurridos en París en noviembre de 2015 a partir de las voces y testimonios relacionados con aquel acontecimiento.
Sus lecturas mexicanas
Durante la conversación, Carrère también habló de los escritores mexicanos que forman parte de sus lecturas. Entre ellos mencionó a Juan Rulfo y, al referirse a autoras contemporáneas, destacó a Guadalupe Nettel y Valeria Luiselli.
El escritor francés también comentó que leyó el último libro de Juan Villoro, El vértigo horizontal y con quien tiene previsto encontrarse la próxima semana.
También, casi al terminar la plática, el francés habló de 2666 del chileno Roberto Bolaño, escritor que dijo admirar por la manera en que cuando refiere los asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez, como retrató «la figura del mal».
Una trayectoria entre la ficción y la realidad
Emmanuel Carrère nació en París, Francia, en 1957. Estudió en el Instituto de Estudios Políticos de París y comenzó su trayectoria como escritor y crítico de cine.
A lo largo de su carrera ha transitado por la novela, la biografía, el ensayo y la escritura de no ficción, desarrollando una obra en la que las fronteras entre literatura, periodismo y experiencia personal suelen desdibujarse.
Entre sus libros se encuentran El bigote, Una semana en la nieve, El adversario, Una novela rusa, De vidas ajenas, Limónov, El Reino, Yoga y V13. Su trayectoria ha sido reconocida con diversos premios, entre ellos el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances, que recibió en 2017, y el Premio Princesa de Asturias de las Letras, en 2021.
Con Koljós, Carrère continúa explorando los vínculos entre memoria, historia, experiencia personal y contexto, dentro de una obra que ha incorporado a lo largo del tiempo distintas voces y registros.
La conversación en el Centro Cultural Universitario permitió así acercarse no sólo a la trayectoria de uno de los escritores franceses contemporáneos más reconocidos, la prueba fue el gran poder de convocatoria que tuvo, sino también a su manera de entender la literatura: un territorio en el que pueden encontrarse aquello que somos y aquello que, en principio, no somos.





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