Por Mario Rojas R.
El bullicio de la gente y el smog del Centro Histórico se transforman al cruzar el umbral de piedra del Palacio de Iturbide. Adentro, el ambiente se convierte en una explosión de colores, de texturas y de historias representadas en más de mil panes de muerto que representan el altar monumental Pan de ánimas.
Se trata de un refugio solemne teñido de un rosa vibrante, un tono sagrado que evoca la memoria y la sangre, mientras el aroma se impregna de dulce y reconfortante azúcar, el azahar y el copal recién encendido.

En el centro del majestuoso patio barroco se levanta una obra viva de ocho metros de altura que impresiona no solo por su magnitud, sino por cada detalle que lo conforman: un altar monumental compuesto por mil panes hechos pacientemente a mano, pero también papel picado, agua, tierra, frutas, bebidas, el perro izcuintle, fotos. Cada detalle con un simbolismo específico.
Bajo la sensible curaduría de la diseñadora Carla Fernández, la instalación se despliega como un mapa geográfico deconstruido. Aquí el gran protagonista no es la muerte en abstracto, sino el oficio de las panaderas y panaderos mexicanos que, generación tras generación, moldean el reencuentro con nuestros difuntos.

Al recorrer esta majestuosa ofrenda se descubren las fascinantes siluetas que habitan este mapa de las almas. No hay un solo pan idéntico a otro. Son 30 variedades de las aproximadamente 700 que hay en el país.
El recorrido visual transporta al visitante a través de 14 estados de la República mediante piezas antropomorfas (con formas humanas), zoomorfas (animales) y fitomorfas (plantas y flores).

Custodiando este místico festín culinario se elevan imponentes unos majestuosos títeres creados por el artista Vladimir Bojórquez, quienes fungen como los guardianes silenciosos de la memoria.
La minuciosidad de los detalles salta a la vista en cada rincón. Es una coreografía perfecta entre el sincretismo virreinal —el antiguo pan de ánimas europeo traído con el trigo— y el culto prehispánico que ofrendaba amaranto a los muertos.

A los costados del patio, el viaje sensorial se expande hacia la expo venta de arte popular. El brillo místico del barro negro de Oaxaca, el colorido del barro policromado, los minuciosos textiles de Morelos y la joyería tradicional del Estado de México complementan una experiencia que se siente cálida, comunitaria y profundamente viva.

Al salir de vuelta al paso apresurado de los peatones en Madero, queda una certeza flotando en el paladar espiritual: en este palacio, honrar a los que ya se fueron sabe, más que nunca, a herencia, hogar y pan recién horneado
“Es la fiesta más bella de nuestro país, cuando nuestros antepasados vienen a visitarnos y nosotros endulzamos la vida y la muerte con panes”, dice Carla Fernández, y concluye: “Es puro arte popular mexicano, lleno de simbolismo, y siempre digo que entra por la vista, pasa por el corazón y se queda en la mente”.
Título: Pan de ánimas
Lugar: Palacio de Iturbide (Madero 17, Centro Histórico)
Temporada: Hasta el 5 de noviembre





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