El ilustrador y autor de cómics Augusto Mora considera que la historieta mexicana atraviesa por un momento de crecimiento, con un número cada vez mayor de lectores. A ellos dirige su más reciente obra, Los esbirros del Palacio, un thriller político que recupera uno de los episodios más decisivos de la historia del país: el fin del Maximato.

Publicado por el Fondo de Cultura Económica, el libro de gran formato combina ilustración y texto para entrelazar memoria, intriga y ficción con hechos históricos reales dentro de una atmósfera noir. Autor también de Los fantasmas de la ciudad y Tiempos muertos, Mora habló en entrevista sobre el proceso creativo detrás de esta novela gráfica.

¿Es novela gráfica o cómic? ¿Cómo prefieres definir este trabajo?

—Yo lo considero una novela gráfica. El cómic, como tal, es un lenguaje: tiene globos de diálogo, espacios entre viñetas, onomatopeyas, que representan los sonidos. La novela gráfica está hecha con ese lenguaje, pero en un formato de libro autocontenido. Es una historia que empieza y termina en el mismo volumen.

«Es como una novela en prosa, pero en el plano gráfico. Por eso me gusta llamarla novela gráfica: está contada con el lenguaje del cómic».

¿Qué nos dice esta historia del pasado sobre el presente?

—En general me gusta retomar contextos históricos para contar mis historias. Tengo otro libro que se llama Grito de Victoria, sobre los movimientos estudiantiles de los años setenta, además de otras colaboraciones que abordan temas históricos, sociales y políticos.

«Desde muy joven me atrajeron los temas políticos. Lo que me llevó a esta novela gráfica, ambientada en los años treinta, fue una anécdota familiar. Mi bisabuelo fue político entre 1931 y 1933 y comencé a investigar su historia. Mi abuela siempre me contaba que lo habían asesinado a traición y quise saber qué había ocurrido realmente en esa época.

«Conocía que la etapa armada de la Revolución estaba llegando a su fin, que habían asesinado a Álvaro Obregón y que después surgió el Partido Nacional Revolucionario, pero quería comprender mejor ese contexto.

«Más adelante, cuando mi interés por la historia y la política creció, también influyó mucho mi madre. Ella estudió la licenciatura en Historia, aunque nunca ejerció. Le apasionaba el tema y tenía una biblioteca extraordinaria. De hecho, uno de los libros fundamentales para esta obra fue La aventura del Maximato, de Arnoldo Córdova. Ese ejemplar me lo regaló ella».

¿La investigación fue larga y rigurosa?

—Sí, muy rigurosa. El proyecto completo me tomó alrededor de cinco años. La idea original nació hace unos doce años; desde entonces quería escribir algo sobre ese periodo porque me parecía fascinante y profundamente intrigante.

«La documentación me llevó cerca de dos años. No solo consulté bibliografía de historiadores que habían trabajado el tema, sino que investigué en el Archivo General de la Nación, en el Registro Agrario Nacional y en la Hemeroteca Nacional. Revisé periódicos de la época, denuncias contra distintos personajes y fui armando el rompecabezas para que la novela resultara lo más coherente y fiel posible al contexto histórico.

«Es una obra de ficción, pero el entorno histórico es completamente real. Los personajes inventados no modifican el rumbo de los acontecimientos; más bien condensan rasgos de diversas figuras que sí existieron».

¿Cómo construiste la narrativa?

—Quería que el lector entrara de inmediato en el momento de mayor tensión. Por eso la historia comienza con una persecución y, enseguida, muestra a esos mismos personajes enfrentándose en el Palacio Legislativo.

«Mi intención era enganchar desde las primeras páginas y despertar la curiosidad sobre cómo esos políticos llegaron al extremo de perseguirse y tratar de asesinarse.

«Mi bisabuelo y mi abuela eran de esa región y también me interesaba recuperar esa historia para hablar de los antecedentes de una zona que, hasta hoy, sigue siendo compleja».

¿Qué tanta demanda tiene actualmente la novela gráfica?

—Creo que está teniendo una muy buena recepción por parte de los lectores. Desde hace unos diez años he visto un creciente interés por parte de las editoriales. Es un lenguaje que se está expandiendo.

«Cuando yo empecé a leer cómics, en los años noventa y principios de los dos mil, todavía existía el estigma de que era un medio exclusivamente para niños. Afortunadamente esa percepción ha ido cambiando».

¿Existe fuga de talento entre los historietistas mexicanos?

—Sí, desafortunadamente. Desde mi perspectiva, en México no existe una industria de la historieta tan sólida como la de Estados Unidos, Japón o el mercado franco-belga.

«En esos países los autores pueden dedicarse exclusivamente a hacer cómics. Aquí es muy complicado vivir únicamente de la historieta. Es una apuesta muy arriesgada: puedes tener éxito, puede irte mal o quizá nunca logres publicar.

«Por eso muchos prefieren buscar oportunidades en otros países. También se entiende: no cualquiera invierte años en una obra de 170 páginas sin saber si verá la luz.

«Sin embargo, creo que el panorama está mejorando. Cada vez vemos más presencia del cómic en ferias del libro y eventos culturales. Falta tiempo para que se convierta en un modo de vida para los autores, pero el crecimiento es evidente».

¿Qué papel juega la tecnología en el trabajo de los historietistas?

—La mayoría de los autores que conozco, incluso los más jóvenes, entiende que el verdadero disfrute de crear una novela gráfica está en el proceso, no solo en el resultado.

«Ya sea que dibujes a mano o en una tableta digital, el placer está en construir la obra. Personalmente no me gustaría que la inteligencia artificial hiciera mi cómic porque disfruto mucho dibujarlo.

«Creo que la inteligencia artificial puede servir como una herramienta de apoyo: para buscar referencias visuales o destrabar una idea cuando uno se queda en blanco. Pero no estoy de acuerdo con utilizarla para generar la obra completa. Hay que evitar que termine sustituyendo la esencia de lo humano».

¿Dónde presentarás Los esbirros del Palacio?

—La siguiente presentación será el 15 de agosto, a la una de la tarde, en el Complejo Cultural Universitario de Puebla, dentro de FIComics.

«Después estaré en la Feria Nacional del Libro de Zacatecas, el 30 de agosto, y el 11 de septiembre presentaremos el libro en una librería del Fondo de Cultura Económica; todavía no sabemos si será en la Octavio Paz o en la Rosario Castellanos».

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