En Si estás leyendo esto, el escritor argentino Kike Ferrari parte de una anécdota alrededor de Jorge Luis Borges para emprender una investigación de tres años por la literatura del Río de la Plata, sus autores, sus voces y sus márgenes.

Un revólver que Jorge Luis Borges habría comprado y que después descartó tras arrepentirse de una decisión suicida se convierte, en Si estás leyendo esto, publicada por el Fondo de Cultura Económica es la nueva novela del escritor gaucho, una historia que atraviesa buena parte de la literatura argentina del siglo XX.

La anécdota de Borges se cruza con otra historia: la de dos trabajadores de la Biblioteca Nacional que, mientras realizaban sus labores cotidianas, dedicaban sus ratos libres a recorrer los estantes en busca de anotaciones y textos perdidos del célebre escritor. Ferrari imaginó entonces que aquel revólver podía tener un boleto de compraventa que permitiera seguir su rastro y, a través de él, recorrer la historia literaria del Río de la Plata, cuenta en entrevista para Palabra Vacante.

“Al principio era una historia más chiquita”, cuenta el escritor. La idea original contemplaba alrededor de diez autores, uno por cada década del siglo XX, pero el proyecto comenzó a crecer hasta convertirse en una novela de múltiples referencias cruzadas, estilos y momentos de la literatura argentina.

Así, la investigación terminó permitiéndole contar dos historias simultáneas: por un lado, una trama policial y de aventuras alrededor del arma desaparecida; por otro, un recorrido por autores, obras, técnicas y herramientas que contribuyeron a la construcción de las llamadas literaturas de los márgenes en América Latina.

Fueron aproximadamente tres años, los que el escritor argentino tardó en hacer esta novela y comenta que prácticamente dejó de leer otra cosa que no estuviera relacionada con el proyecto.

“Fue un poquito enloquecedor. Por suerte no lo decidí antes de empezar, porque si no no lo hubiera hecho”, acepta el autor que no considera venir a presentar esta obra en alguna feria de libro en México, debido a que su trabajo en el subterráneo de su país ocupa también su tiempo.

A pregunta expresa Kie señala que uno de los mayores retos de su nuevo trabajo literario surgió cuando decidió incorporar al escritor Manuel Puig (1932 1990). Para Ferrari, la particularidad del autor de El beso de la mujer araña radica precisamente en haber construido una literatura en la que su propia voz parece desaparecer para dar paso a las voces de otros.

“Manuel Puig no tiene una voz que uno pueda replicar”, explica. “Lo que vino a traer de novedad es darle la voz a los otros y no tener una voz propia”.

La presencia de Puig terminó modificando la estructura del proyecto y abrió espacio para otros autores vinculados con las literaturas marginales y con la tradición rioplatense. La novela fue adquiriendo así nuevas capas hasta convertirse en el “monstruo” de referencias y cruces literarios que Ferrari buscaba.

La investigación también le permitió reencontrarse con autores conocidos y descubrir otros que permanecían fuera de su radar. Entre estos últimos menciona a una autora prácticamente olvidada, cuya obra encabezó su lista de lecturas y que considera “brutal”.

Diluir la propia voz

Más allá de la investigación, uno de los principales retos formales de Si estás leyendo esto fue, para Ferrari, intentar desaparecer dentro de las voces de otros escritores.

“Yo trato siempre de salir de un texto sabiendo hacer una o dos cosas que no sabía hacer antes de entrar”, afirma. Esa es su manera de continuar aprendiendo un oficio que, asegura, le gusta y quiere profundamente.

En esta novela, el desafío consistió en “diluir” su propia voz narrativa y escribir determinados fragmentos como un homenaje a los autores que estaba investigando.

Ferrari se propuso imaginar cómo escribiría Juan José Saer una determinada página, cómo lo haría Sara Gallardo o cómo podrían mezclarse las voces de autores como Puig, Copi y Orgambide.

“Poder durante cinco o seis páginas tratar de pensar cómo escribiría Saer esta página, cómo escribiría Sara Gallardo esta página; de qué manera puedo hacer que el cruce entre Orgambide y Puig y Copi me dé una voz que dé cuenta de ese momento”, explica.

Esa búsqueda fue, al mismo tiempo, la parte más difícil y la que más disfrutó durante la escritura.

El procedimiento también se reflejó en la estructura de la novela. Ferrari no escribió los capítulos en el orden en que aparecen finalmente. El primero y el sexto, por ejemplo, fueron de los primeros que escribió, mientras que otros fragmentos surgieron mucho antes o después de la posición que terminarían ocupando.

“Yo no me acuerdo de cuántos capítulos tiene la novela, un montón”, bromea. “Ningún capítulo de la novela fue escrito en el lugar que ocupa en la novela”.

Para el escritor, esa escritura fragmentaria contribuyó a cohesionar un relato construido a partir de múltiples voces y registros.

La novela negra como territorio abierto

Ferrari también observa una transformación en la novela negra latinoamericana. A su juicio, el género dejó de ser únicamente una estructura que servía para revitalizar otras formas de la literatura popular y comenzó a incorporar elementos provenientes de prácticamente todos los demás géneros.

El escritor considera que la novela negra contemporánea puede dialogar con la ciencia ficción, el terror, el gótico, la ficción paranoica y las literaturas del extrañamiento, alejándose del modelo clásico del detective asociado a Raymond Chandler y su personaje Philip Marlowe.

“Me interesa una literatura abierta a otras literaturas”, señala.

Para Ferrari, la novela negra ya no necesita reproducir detectives, ciudades y mujeres fatales pertenecientes a una tradición que ha dejado de representar la realidad contemporánea. En cambio, encuentra nuevas posibilidades en el cruce con otras formas narrativas.

En América Latina, observa especialmente fértil esa mezcla entre el género policial y otras tradiciones literarias. Menciona al argentino Ricardo Romero como uno de los autores que primero comprendió la necesidad de esa fusión y destaca también a Manuel Canellada en México.

Asimismo, señala el trabajo de autoras cercanas al gótico que se han aproximado al género policial y que, a su juicio, están produciendo algunas de las propuestas más interesantes de la literatura latinoamericana actual.

Entre sus referencias internacionales menciona al escritor británico China Miéville, cuya novela La ciudad y la ciudad considera una de las mejores novelas policiales de los últimos años.

Más mujeres en el canon

La transformación de la literatura argentina también pasa, para Ferrari, por una mayor presencia de escritoras tanto en la producción contemporánea como en la construcción del canon.

Considera que la sociedad patriarcal del siglo XX limitó las posibilidades de las mujeres para escribir y, sobre todo, para ocupar un lugar visible dentro de la literatura. Sin embargo, advierte que el fenómeno actual no consiste únicamente en que haya más escritoras, sino en que sus obras están encontrando finalmente el espacio que debieron tener desde hace décadas.

Como ejemplo menciona a Sara Gallardo, cuya obra, pese a haber sido publicada durante el siglo XX, no ocupó durante mucho tiempo el lugar que merecía.

“Es incomprensible que en el canon del siglo XX no haya estado siempre como está ahora Sara Gallardo, que es una autora extraordinaria”, sostiene.

Ferrari considera, además, que algunas de las voces más interesantes de la literatura argentina contemporánea son femeninas. Entre ellas destaca especialmente a Samantha Schweblin, a quien considera “por lejos” una de las mejores escritoras de su generación.

Para el autor, esta mayor visibilización permite que las escritoras formen parte de manera más natural del entramado de la literatura nacional, como siempre debió haber ocurrido.

De la novela a la pantalla

La relación de Ferrari con el cine también ha permitido que uno de sus personajes abandone las páginas para adquirir una existencia propia en la pantalla.

Su novela Qué de lejos parecen moscas —adaptada al cine como Moscas— tuvo una versión cinematográfica dirigida por el español Aritz Moreno. Ferrari recuerda especialmente la experiencia de ver representada una escena que había imaginado y escrito muchos años antes.

La novela fue escrita en 2009 y una de las escenas que más lo impactó al verla en pantalla fue aquella en la que el protagonista descubre un cadáver en el maletero de un automóvil.

“Verlo en pantalla, a un tipo muy parecido al que yo había imaginado, con los gestos y las palabras que escribí hace tantos años, fue muy impactante”, recuerda.

Pero lo que más le interesó de la adaptación fue que la película no intentó reproducir exactamente el libro. Al contrario, tomó decisiones propias, modificó elementos centrales y terminó construyendo una obra con una vida independiente.

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