Por Mario Rojas R.
En 1959, al triunfo de la Revolución Cubana, Ernesto Che Guevara le dijo al padre de Mario: “Si yo fuera usted, saldría de Cuba lo más rápido posible”.
Sin disimulo, la advertencia del líder revolucionario presagiaba lo peor para la familia Cartaya. Por eso, sin dilación tomaron el primer avión con rumbo a Miami.
Mario Cartaya era un pequeño de apenas 9 años y vivió de forma traumática aquel episodio. Medio siglo después regresó a su hogar natal.
Esa experiencia le sirvió al arquitecto para escribir el libro autobiográfico La bóveda: en busca de mi niñez cubana, un texto donde reconstruye sus recuerdos y vivencias de la Cuba de los años 50, enfrentando más de cinco décadas de exilio y un profundo viaje de regreso a sus raíces.
A este respecto, el autor nos habló de lo que significó esta vuelta a su país luego de medio siglo.

Saliste de Cuba a los 9 años y estuviste fuera de tu país por más de 50, ¿qué era Cuba para ti: un sueño, un recuerdo, una ilusión?
Salí de Cuba recién cumplidos los 9, cuando me entero que vamos a dejar todo lo que yo conocía, mi vida entera, mis sueños, mi futuro, todo, para irnos a Estados Unidos. Lo que me ocurre es interesante: mi familia sale del país de forma traumática. Mi padre era contador y buena parte de sus clientes eran las grandes compañías norteamericanas y cuando el gobierno decide confiscar las propiedades americanas, acuden a los contadores para ver dónde estaban esos inmuebles. A mi padre le piden toda la información en su poder, se negó a entregarla durante tres días hasta que lo llevan con el Che Guevara, quien le dijo que si le seguía negando la información, sabía lo que podía pasarle a él y a su familia. Y le advirtió: “Si yo fuera usted, saldría de Cuba lo más rápido posible”. Para mí fue traumático enterarme que alguien podría hacerle daño a mi papá y a mi familia, así que nos fuimos de la isla. Dejé atrás abuelos, tíos, primos, a quienes nunca volvía ver. Esa desgracia, mi subconsciente me la esconde y 56 años después sabía que me había convertido en un gran arquitecto, pero no recordaba quién era yo, así que decidí regresar y encontrar la otra parte de mi vida.
Escribir La bóveda: en búsqueda de mi niñez cubana, ¿fue un proceso catártico, doloroso?
Fue un acto precioso. Yo lo escribí como si lo dijeran mis padres, era otra manera de comunicarnos. Redactar ese texto fue como tener sentados a mis padres a mi lado, fue un diálogo constante, ellos estuvieron siempre presentes mientras escribía la historia en las páginas del libro. Regresé a Cuba sin la memoria, pero el lugar donde vivía, el parque donde jugaba, la escuela donde estudiaba, cada uno de esos lugares me devolvió los recuerdos, como si hubieran sido ayer. Al pisar la isla, en mi mente empiezo a ver una especie de películas, videos, puedo oír la voz de mi padre, ver a mi madre, oler la comida, y lo más precioso fue sentir la inocencia que tenía en mi niñez.
¿Qué tan diferente era la Cuba que recordabas a la que encontraste cuando volviste?
Recordaba muy poco, sobre todo cuando nos fuimos. Mis memorias eran como fotos, pero sin contexto. Regresé con un poco de miedo porque en 1960, cuando salíamos, nos insultaban horrible. Volví sin nadie que me esperara y por fortuna me doy cuenta que la gente se porta súper bien, me reciben como si fuera otro hermano, me ayudan y se interesan en mi historia. Ese apoyo me incentiva a recuperar mis recuerdos. No me esperaba esa acogida, pero fue muy satisfactorio.
¿Por qué regresaste, que deseabas encontrar?
Quería recuperar los primeros ocho años de mi vida porque no los recordaba. ¿Por qué soy como soy? ¿Por qué actúo como actúo? Los primeros años de todo ser humano son claves en la personalidad de cada uno, y como yo no recordaba ese tiempo, me sentía vacío, así que fui con la esperanza de llenar ese hueco, y por fortuna lo conseguí.
Personal y profesionalmente te desarrollaste en Estados Unidos, ¿te consideras más estadounidense que cubano?
Es muy interesante que me preguntes eso. Viajé a Cuba en 2016 y esa experiencia me ayudó a recobrar mi niñez. Cuando vuelvo a Estados Unidos un amigo me pregunta: ¿Cuál es la diferencia del Mario que salió de Miami y el Mario que regresó? Y le contesté: “Ahora sé que soy un cubano y al mismo tiempo un estadounidense, soy dos grandes culturas viviendo en paz y felicidad dentro del mismo cuerpo. No hay que ser solo uno o el otro, puedes ser los dos. Soy tan cubano al jugar domino con mis amigos, fumarme un puro y tomarme un ron, que cuando juego al póker y tomo un whisky. Soy tan cubano como estadounidense.
En México actualmente hay una polémica por unas estatuas del Che y de Fidel. La alcaldesa las retiró de la vía pública y la jefa de gobierno quiere volver a instalarlas. ¿Qué les dirías a quienes aún tienen como héroes a estos personajes?
Yo trato siempre de poner la humanidad por encima de la política, esta muchas veces destruye a aquella para conseguir el objetivo deseado. En el mundo entero, hasta en Alemania, hay lugares donde se exhiben monumentos de épocas que no los hacen sentirse orgullosos, esas cosas ocurren y es importante siempre mantener la historia, buena o mala. Si México decide que la época que representan Fidel y el Che no deben verlas todos, entonces ponlas en un museo, pero no esconder o intentar cambiar la historia. Hay un lugar para esas estatuas, quizá no sea en público, pero tal vez sí en un museo.
¿Cómo vislumbras el futuro de Cuba?
En 2021 tuve una reunión con Bill Clinton y le dije: “El problema de Cuba y Estados Unidos no es tan difícil como la política lo hace ver. La base del problema es la confianza, para Estados Unidos, Cuba es ese país comunista que quiere tomar a toda América; para los cubanos, Estados Unidos es un país imperialista que quiere imponer su visión en toda América, es lo mismo, pero opuesto, Mientras no haya manera de resarcir esa confianza entre uno y otro, nunca habrá diálogo.
¿Quién te gustaría que leyera tu libro?
Todos. Es un libro universal que habla sobre buscar la paz. Yo encontré mi paz interior, que no sabía que necesitaba tanto, y la hallé en el último lugar en el que hubiera pensado que la encontraría y eso me hizo una mejor persona. Todos los humanos necesitamos, hoy más que nunca, encontrar la paz interior y esta se consigue cuando uno decide no odiar más, no buscar la venganza, en vez de eso, es preciso poner la humanidad frente a la política; el amor frente al odio; la amistad en lugar de la venganza. Yo fui sin pensar en nada de eso, pero ocurrió porque me di cuenta que los demonios del pasado ya no existían. Ellos y yo estábamos preparados para cambiar la página. Todos podemos hacerlo.
Título: La bóveda: en busca de mi niñez cubana
Autor: Mario Cartaya
Editorial: Morgan James Publishing
Categoría: Memorias/Autobiografía.





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