El cortometraje documental de la cineasta campechana Sacnicte Guadalupe Novelo Berzunza aborda la cocina tradicional maya como espacio de identidad, espiritualidad y transmisión de saberes ancestrales.

La cocina tradicional como espacio de memoria, resistencia y transformación es el punto de partida de El fuego que nos une, cortometraje documental de la cineasta campechana Sacnicte Guadalupe Novelo Berzunza, seleccionado en la octava edición del Estímulo a la Creación Audiovisual en México y Centroamérica para Comunidades Indígenas y Afrodescendientes (ECAMC), del Instituto Mexicano de Cinematografía (IMCINE).

El proyecto surgió hace más de tres años con la intención de documentar el trabajo de cocineras tradicionales de Campeche. Sin embargo, durante el proceso de investigación, la realizadora descubrió que el eje de la historia iba más allá de la preparación de alimentos: el fuego se convirtió en el elemento simbólico capaz de articular identidad, comunidad y herencia ancestral.

“Una de las cosas que tenía que plasmar era que la deshumanización que hemos pasado como sociedad también tiene que ver con que este elemento se ha apartado de nuestras casas”, explica Novelo Berzunza.

Desde esta perspectiva, El fuego que nos une propone una mirada a la relación entre el fuego y la vida comunitaria. La directora vincula este elemento con una dimensión ancestral, pero también con el fuego interior que cada persona conserva y transforma a lo largo de su vida.

Fotos cortesía/Secretaría de Cultura

La historia sigue a tres cocineras tradicionales, cuyos recorridos representan distintas maneras de comprender el fuego dentro de la cosmovisión maya. La elección de tres protagonistas tampoco es casual: remite al K’oben, espacio de la cocina maya donde el fuego se enciende sobre tres piedras.

“Cada personaje tiene una llama diferente: una representa la rebeldía, otra el fuego sostenido y la tercera el fuego heredado”, señala la cineasta.

Doña Lety representa la transformación y encuentra en la cocina un camino de resiliencia y sanación. Pascuala encarna la resistencia al sostener a su familia y comunidad mediante su trabajo cotidiano y la elaboración de velas. María Petrona, por su parte, representa el fuego heredado, al preservar recetas y conocimientos transmitidos de generación en generación.

A través de ellas, el documental plantea que la cocina tradicional es también un espacio de memoria y espiritualidad, donde los alimentos están ligados a las historias personales y colectivas de quienes los preparan.

Más que registrar la elaboración de platillos, Novelo Berzunza busca acercarse a los conocimientos que sobreviven en las comunidades y a las historias de las mujeres que los mantienen vigentes. Para la directora, reconocer a las cocineras tradicionales implica también reivindicar saberes que con frecuencia son minimizados frente a otras expresiones de la gastronomía.

“Es importante recordarles que ellas tienen un valor muy importante para la comunidad, porque muchas conservan conocimientos heredados por sus abuelas y sus familias”, afirma.

La realizadora también considera que el cine puede contribuir a visibilizar comunidades y formas de vida que pocas veces encuentran un espacio en las pantallas. En ese sentido, su mirada como cineasta campechana resulta fundamental para construir una narración desde el propio territorio y desde la cercanía con sus protagonistas.

El respaldo del ECAMC representa, además, una oportunidad para fortalecer la producción audiovisual realizada desde Campeche. De acuerdo con Novelo Berzunza, el acompañamiento recibido durante la residencia permitió enriquecer la propuesta y realizar ajustes creativos al proyecto.

“No solamente es un logro personal, significa que ya se están impulsando producciones desde esta parte del país. En la residencia, el proyecto creció muchísimo y el acompañamiento hizo que la propuesta se volviera más rica”, destaca.

Actualmente, el cortometraje se encuentra en etapa de desarrollo. La filmación está prevista entre los últimos días de octubre y los primeros de noviembre de 2026, después de incorporar las modificaciones surgidas durante el proceso de acompañamiento del ECAMC.

Uno de los elementos centrales de la propuesta será el diseño sonoro, con el que la directora busca que el público tenga una experiencia sensorial de los espacios donde transcurre la vida de las protagonistas. Los sonidos de los fogones y de la actividad cotidiana tendrán un papel importante para acercar al espectador a las comunidades.

De esta manera, El fuego que nos une apuesta por contar la cocina tradicional desde una perspectiva que trasciende los alimentos y las recetas. El documental busca hablar de las mujeres que preservan esos conocimientos, de la identidad comunitaria y de la transmisión de una memoria que permanece viva alrededor del fuego.

“Creo que muchas personas se van a identificar con las historias de estas mujeres. Más allá de la cocina, el documental habla del valor que tenemos como mujeres, del conocimiento ancestral y de reconocer que pertenecer a una comunidad nunca hace a nadie menos”, concluye Novelo Berzunza.

El ECAMC, impulsado por la Secretaría de Cultura del Gobierno de México a través del IMCINE, acompaña proyectos audiovisuales realizados por cineastas de pueblos originarios y comunidades afrodescendientes desde su etapa de desarrollo hasta su conclusión, con el propósito de fortalecer la diversidad de voces y narrativas del cine mexicano.

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