Una de las primeras palabras que me provocó la escritura de James cuando lo leí por primera vez fue pulcritud. Su prosa, precisa en cada oración y párrafo, lo convirtió en uno de mis escritores favoritos; por eso, cuando recientemente vi el libro El arte de la novela y otros ensayos, no dudé en adquirirlo.

Saber cómo un maestro de la literatura hablaba de la creación y de los entretelones de su propia obra era una tentación irresistible. Al leer cómo el autor de Daisy Miller hablaba de la definición de novela y diseccionaba su propia obra ya publicada, otra palabra vino a mi mente: rigor.

James piensa en la novela desde la perspectiva de quien conoce profundamente el oficio y se pregunta qué hace que una narración funcione, qué relación existe entre el escritor y su materia y, sobre todo, qué posibilidades tiene el novelista para representar una experiencia humana.

Para James, narrar implica observar, seleccionar y construir una determinada perspectiva sobre el mundo. Se enfoca en las atmósferas y los conflictos y, antes de situar a sus personajes en sus contextos, los delinea a profundidad, tal como lo hizo en El retrato de una dama y La princesa Casamassima.

Aunque el escritor nació y estudió en Estados Unidos, en su literatura sobresale la flema inglesa y, al adentrarnos en sus ensayos, surgen otras dos palabras: elegancia y ritmo. Algo muy grato de encontrar en un género como el ensayo, con sus dosis de realidad, que no deja de ser literatura.

Leer estas reflexiones mientras avanzaba también con El mundo feliz, de Aldous Huxley, produjo un contraste curioso. Mientras Huxley construye una sociedad futura para cuestionar el rumbo de la humanidad, James dirige la mirada hacia algo aparentemente más pequeño: las percepciones, las relaciones y los movimientos interiores de sus personajes.

Uno de los mayores atractivos de El arte de la novela y otros ensayos: permite acercarse al escritor desde otro sitio. No únicamente desde sus novelas, sino desde sus propias preocupaciones acerca del oficio. El lector puede asomarse al taller de James y observar cómo piensa aquello que hace.

La lectura también recuerda que escribir ficción implica tomar decisiones. Qué mirar, desde dónde hacerlo, qué mostrar y qué dejar fuera son preguntas que forman parte de la construcción narrativa. Sus reflexiones no ofrecen un manual para escribir novelas, más bien, una conciencia del oficio.

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