Hay autores cuyos libros pertenecen a una época y otros cuyas historias consiguen atravesar generaciones. A 110 años del nacimiento de Roald Dahl, sus personajes, su humor irreverente y su particular manera de mirar el mundo continúan encontrando nuevos lectores.
Nacido el 13 de septiembre de 1916, Dahl creó universos en los que lo extraordinario podía aparecer en cualquier momento: una niña con una inteligencia excepcional, una misteriosa fábrica de chocolate, brujas escondidas entre personas comunes o un gigante capaz de llevarnos al territorio de los sueños.
Títulos como Matilda, Charlie y la fábrica de chocolate, Las brujas y El gran gigante bonachón forman parte de un universo literario que ha acompañado a distintas generaciones y que hoy ofrece a padres e hijos la posibilidad de encontrarse alrededor de las mismas historias.
Niños que cuestionan el mundo
Una de las claves de esa permanencia está en la manera en que Dahl construyó a sus protagonistas. En sus libros, los niños no son simples espectadores del mundo de los adultos: cuestionan las reglas, enfrentan injusticias, recurren al ingenio y descubren que ser pequeño no significa ser indefenso.
Matilda, por ejemplo, encuentra en los libros y en su inteligencia una forma de comprender y transformar su entorno. Charlie Bucket, por su parte, representa la bondad y la perseverancia en medio de un mundo marcado por los contrastes. A través de ellos, Dahl convierte la infancia en un territorio de posibilidades, donde la imaginación también puede ser una herramienta para enfrentar la adversidad.
Su humor, en ocasiones oscuro y siempre dispuesto a desafiar las convenciones, permite que sus historias dialoguen con lectores de diferentes edades. Los niños encuentran aventuras y personajes extraordinarios; los adultos pueden reconocer, detrás de la fantasía, una mirada crítica hacia la autoridad, la injusticia y ciertas conductas del mundo cotidiano.
Un legado que permanece
A más de un siglo de su nacimiento, la obra de Roald Dahl continúa formando parte de las conversaciones familiares en torno a la lectura. Sus historias invitan a compartir personajes, descubrir nuevos mundos y volver a los libros desde distintas etapas de la vida.
En una época en la que las pantallas ocupan buena parte del tiempo de ocio, acercarse a Matilda, visitar la fábrica de Willy Wonka o acompañar al Gran Gigante Bonachón puede convertirse en una oportunidad para recuperar el placer de leer juntos.
La vigencia de Dahl no depende únicamente de la fantasía de sus relatos, sino de su capacidad para recordar que la imaginación, el humor y la valentía también pueden transformar la manera en que miramos el mundo.






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