Los escritores universales nos entregan, en su mayoría a través de la novela, obras que nos sumergen en otros tiempos, mundos y ficciones a los que podemos trasladarnos mediante las palabras y la imaginación.
Como lectores, recibimos esas historias terminadas, pero pocas veces pensamos en todo lo que ocurre antes de que un libro llegue a nuestras manos: las horas frente a la página en blanco, los borradores, las dudas, la disciplina, la corrección y esa particular abstracción que exige construir un mundo a través de las palabras.
Algunos autores han dejado, además de sus cuentos, novelas y poemas, reflexiones sobre la escritura y sobre las circunstancias que rodean a quien decide dedicarse a la literatura.
Escribir antes de corregir
Cuando personalmente quieres dedicarte a la literatura, hay conceptos de estos autores que permanecen más que otros y que incluso pueden trasladarse a la propia creación. Es el caso de Zen en el arte de escribir, de Ray Bradbury, un libro que reúne reflexiones sobre su experiencia como escritor y sobre la pasión que lo llevó a construir una obra literaria.
Una de sus ideas más estimulantes tiene que ver con la necesidad de escribir antes de preocuparse demasiado por corregir. Bradbury defiende la escritura como un ejercicio de entusiasmo y descubrimiento: primero hay que dejar que las historias aparezcan; la revisión vendrá después.

Es una postura que puede resultar liberadora para quien comienza a escribir. Frente a la página en blanco, la exigencia de producir desde el primer momento un texto perfecto puede convertirse en un obstáculo. El autor de Crónicas marcianas propone, en cambio, permitir que la historia fluya antes de someterla al trabajo de corrección.
El escritor frente a la realidad
Desde México encontramos una perspectiva diferente en René Avilés Fabila, escritor, periodista, cronista y catedrático, quien en El escritor y sus problemas, publicado originalmente en 1975, se ocupó de la condición de los escritores mexicanos.
Ya no se trata solamente de explicar cómo puede construirse una historia, sino de observar qué significa ser escritor dentro de una sociedad determinada.
Avilés Fabila se aleja de la imagen romántica del creador reconocido, aislado de las circunstancias de su tiempo. El escritor, plantea, tampoco está separado de la política ni de las relaciones de poder. La censura, las presiones institucionales y la relación entre los autores y los gobernantes forman parte de las dificultades que pueden rodear al oficio.
En esa realidad, el escritor podía ser visto incluso como un entretenedor, una figura cuya función quedaba reducida a satisfacer determinadas expectativas, en lugar de ser reconocido por la dimensión crítica y cultural de su trabajo.
Leer a Avilés Fabila desde el presente permite entonces formular otra pregunta: además de preguntarnos cómo escribe un autor, ¿en qué condiciones puede hacerlo?

Del cuento al oficio
Mucho antes de los actuales libros sobre escritura creativa, otros autores también dejaron consejos, reflexiones y textos alrededor de la creación literaria. Horacio Quiroga, por ejemplo, plasmó sus ideas sobre el cuento en el célebre Decálogo del perfecto cuentista, mientras que Mark Twain reflexionó sobre el arte de contar historias y sobre los recursos que permiten construir un relato eficaz.
Asimismo, John Gardner abordó la construcción de la ficción y el trabajo del novelista en El arte de la ficción; Stephen King descubrió los secretos de su oficio en Mientras escribo, y Ursula K. Le Guin habla de elementos como la voz, el ritmo, la perspectiva y la construcción narrativa.
El escritor detrás de la obra
Quizá una de las razones por las que resultan tan atractivos estos libros sea que permiten mirar detrás de obras que conocemos y admiramos, donde el escritor deja de ser solamente el nombre que aparece en la portada y es una persona que trabaja, duda, corrige, fracasa y vuelve a empezar.
Desde la pasión de Bradbury por escribir hasta la mirada crítica de Avilés Fabila sobre la situación de los autores mexicanos, estas reflexiones muestran que la literatura no termina en la página.
Para quienes comienzan a escribir, acercarse a estos textos puede ser una manera de encontrar compañía en un trabajo que muchas veces se realiza en soledad. Para los lectores, puede representar mirar de otra manera esas obras que requirieron un trabajo riguroso.





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