Hay documentos que cuentan una historia y otros que, con el paso del tiempo, terminan formando parte de ella. El Códice Azcatitlan pertenece a ambos mundos: después de haber salido de México en 1840, el manuscrito que narra el devenir del pueblo mexica puede verse nuevamente en nuestro país.

La pieza fue presentada este jueves 17 de septiembre en el Museo Nacional de Antropología (MNA), como parte de las conmemoraciones por el bicentenario de las relaciones diplomáticas entre México y Francia, en una exposición que lleva por título El Códice Azcatitlan. México-Francia, 200 años de amistad.

El regreso del códice es resultado de una colaboración entre la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, a través del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), y el Ministerio de Cultura de Francia, mediante la Biblioteca Nacional de Francia, institución que conserva el manuscrito.

El intercambio tiene además un movimiento en sentido contrario: mientras el Azcatitlan viajó temporalmente a la Ciudad de México, el Códice Boturini será exhibido en París. Ambos forman parte de la llamada Gran Fiesta Franco-Mexicana, programa cultural binacional que reúne cerca de 200 actividades para conmemorar dos siglos de relaciones entre ambos países.

Fotos/Gerardo Luna

Pero el viaje del Azcatitlan tiene una historia particular. De acuerdo con la secretaria de Cultura, Claudia Curiel de Icaza, la iniciativa surgió de una petición de la comunidad hñähñu de Ixmiquilpan, Hidalgo, que planteó la posibilidad de que el manuscrito volviera a México.

La solicitud puso sobre la mesa algo que rebasa el intercambio entre instituciones: el derecho de los pueblos a reencontrarse con los documentos que forman parte de su memoria y de sus narrativas históricas.

El acuerdo para realizar el intercambio temporal fue concretado por la presidenta Claudia Sheinbaum y el presidente Emmanuel Macron en noviembre de 2025.

Durante la inauguración, el secretario de Relaciones Exteriores, Roberto Velasco Álvarez, destacó que el proyecto contempla, además de las exposiciones, posibilidades de investigación conjunta, digitalización de acceso abierto, intercambio de conservadores y formación de especialistas.

“La memoria no pertenece solo a las instituciones que custodian los objetos, sino a los pueblos y a las generaciones que se reconocen en ellos”, señaló.

Una historia en 20 fojas

El Códice Azcatitlan fue elaborado en el Valle de México a finales del siglo XVI y principios del XVII. Sus 20 fojas combinan el sistema pictográfico mesoamericano con elementos de escritura europea y están organizadas en tres grandes secciones.

En ellas aparece el recorrido migratorio de los mexicas desde Aztlan hasta la fundación de México-Tenochtitlan; la sucesión de los tlatoque y acontecimientos relevantes de sus gobiernos, así como la llegada de los españoles, la conquista y la evangelización.

La exposición busca colocar el manuscrito dentro de una tradición mucho más amplia. En la Sala de Exposiciones Temporales del MNA, el códice está acompañado por 25 piezas y se articula a través de seis ejes que recorren desde la tradición prehispánica de los códices hasta las investigaciones y perspectivas actuales.

Entre los materiales reunidos se encuentran facsimilares de manuscritos como el Bodley, el Boturini, el De la Cruz-Badiano y el Mendocino, además de piezas arqueológicas y objetos etnográficos que permiten acercarse a los materiales, técnicas y conocimientos relacionados con la elaboración y conservación de estos documentos.

Hay también machacadores de piedra utilizados para apisonar papel, una vasija tipo códice, puntas de proyectil de filiación mexica, un pectoral de la tradición Mezcala, jícaras con colorantes naturales y un textil de la cultura hñahñu.

Para Baltazar Brito Guadarrama, etnohistoriador, titular de la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia y curador de la exposición, el valor del Azcatitlan también está en su capacidad para recordarnos que contar la propia historia es una práctica compartida por distintos pueblos.

El manuscrito, dijo durante el recorrido, forma parte de esa tradición en la que las sociedades intentan narrar su pasado y construir, a través de esas narrativas, parte de su identidad.

Después de 186 años fuera de México, el Códice Azcatitlan vuelve a mostrarse aquí. Su regreso es temporal, pero abre una posibilidad que puede ser más duradera: volver a mirar los documentos históricos no solamente como piezas de museo, sino como testimonios vivos de las historias que todavía nos explican.

El Códice Azcatitlan. México-Francia, 200 años de amistad permanecerá abierta hasta el 6 de diciembre de 2026 en la Sala de Exposiciones Temporales del Museo Nacional de Antropología. La entrada es gratuita.

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