Nunca como ahora, a las puertas de la Copa Mundial de Futbol 2026 que se celebrará en México, las pioneras del futbol femenil mexicano se han sentido tan reconocidas. Las exjugadoras celebran que poco a poco se rompan los prejuicios que durante décadas minimizaron el aporte de las mujeres al balompié nacional.
Su historia quedó plasmada en imágenes en Pioneras. La historia que cambió el futbol mexicano, un cómic documental que narra la trayectoria de la selección mexicana femenil que participó en los campeonatos mundiales de 1970 y 1971. La obra forma parte de la colección Popular Novela Gráfica del Fondo de Cultura Económica (FCE).
La publicación expone la discriminación y las barreras que enfrentaron las futbolistas. Más que una crónica deportiva, es un homenaje a las mujeres que abrieron camino en la historia del futbol femenil en México. Cuenta con ilustraciones de Francisco de la Mora, quien también participó en el guion junto con Jessica Arreola, Sergio Campos y Olga Mayoral.
A lo largo de sus coloridas páginas se reconstruye la experiencia de aquellas jugadoras y se muestra cómo lograron subir al podio en ambas ediciones mundialistas. Entre las protagonistas de esta historia se encuentran Yolanda Ramírez, portera de la selección mexicana en los torneos de 1970 y 1971, y Berta Orduña Molina, defensa del representativo nacional durante la Copa Mundial Femenina disputada en Italia en 1971.
“En la vida me hubiera imaginado un reconocimiento como el que estamos teniendo ahorita, ni mucho menos un cómic dedicado a nosotras después de cincuenta y tantos años. Hemos conmemorado cada aniversario, pero como ahora, no”, menciona Ramírez en entrevista para Palabra Vacante.
“Esta es una forma muy original y práctica de dar a conocer una historia. Pareciera que cuando uno dice ‘cómic’, a veces piensa en algo superficial, pero esta historia fue muy bien llevada a la imagen. No se quedó en la superficie; nos identificamos plenamente con lo que cuenta. Cuidaron cada detalle”, afirma.
Más de cinco décadas después de aquella hazaña deportiva, lo que más conmueve a las pioneras no es únicamente el recuerdo de sus logros en la década de los setenta, sino el impacto que estos han tenido en sus familias y la manera en que su legado ha trascendido generaciones.
“En México empezamos en las calles. Yo jugaba con puros hombres; era la única mujer. Después se inauguró la liga femenil América, en 1969, y fue cuando empecé a jugar con otras mujeres. A partir de ahí, todas las niñas que jugaban con varones tuvieron la oportunidad de integrarse a un equipo”, recuerda.
Ramírez agrega que cuando se organizó el Mundial femenil fueron convocadas cuatro jugadoras de cada equipo. Ella permaneció siempre en la portería, posición que inicialmente le asignaron sus hermanos para evitar que sufriera lesiones, aunque con el tiempo descubrió su pasión por la arquería.
“Fue muy bueno. A mí siempre me gustó ser portera. Formé porteros porque dirigía niños de entre 6 y 18 años en el Deportivo Miguel Alemán durante diez años. Empecé porque llevaba a mis hijos a entrenar y después me pidieron apoyo. Fue muy satisfactorio darle un tercer lugar a México en Italia y que ahora seamos un símbolo para las generaciones que vinieron después y que tuvieron las facilidades que nosotras no tuvimos”.
No contar con el reconocimiento de la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA), carecer de entrenadores especializados y jugar con balones mucho más pesados que los actuales fueron algunas de las dificultades que enfrentaron las pioneras. Aun así, Ramírez reconoce que recibió apoyo médico para recuperarse de las lesiones derivadas de la práctica profesional del futbol.
“Lo más fuerte que enfrentamos fue el machismo, desde la casa. La familia, sobre todo los papás, no te daban permiso y a veces teníamos que hacerlo de manera clandestina. Todas compartimos esa experiencia: nos sacaban de la calle y no nos dejaban jugar”, expresa por su parte Berta Orduña.
Y concluye:
“También estaba la cuestión económica, porque no había apoyos, y la alimentación, porque los entrenamientos eran muy fuertes. Nosotras éramos adolescentes y no había entrenadores especializados como los hay ahora. Qué bueno que las nuevas generaciones tengan más respaldo, pero a nosotras nos queda la satisfacción de haber sido las pioneras del futbol femenil mexicano”.






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