La Ternura Radical, concepto que acompañó la edición 33 del Festival Internacional Universitario (FITU), alcanzó su momento de cierre durante la ceremonia de premiación realizada el 13 de septiembre en el Teatro Juan Ruiz de Alarcón. Después de 11 días de actividades, el festival reunió a 8 mil 976 asistentes que disfrutaron de 66 propuestas escénicas nacionales e internacionales.
Durante la ceremonia, Juan Meliá, director de Teatro UNAM, destacó que la idea de la Ternura Radical permitió pensar el festival desde “la consideración del otro, desde la posibilidad de mirarnos y reconocernos en un proceso colectivo”. Del 3 al 13 de septiembre se realizaron 60 eventos que reunieron 84 actividades, entre ellas 25 obras en competencia, 12 propuestas en exhibición provenientes de México, Chile, España y Argentina, espectáculos multidisciplinarios, actividades académicas y talleres.
El momento central de la noche fue la entrega de los reconocimientos a las obras ganadoras de la Gran Final. En la categoría de Bachillerato, el premio fue para Demonios blancos, de Martín Quetzal, dirigida por Héctor Castañeda Arceo, de la compañía Orión en la frente, de la Universidad de Colima. La puesta aborda la incomprensión, el rechazo y la violencia simbólica que enfrenta un adolescente ante una sociedad incapaz de mirar la diferencia con empatía.
En la categoría de Licenciatura sin especialidad en teatro, resultó ganadora Don Juan o el convidado de piedra, de Molière, dirigida por Gemma Quiroz, del Grupo de Teatro Representativo de la ENES León, Guanajuato. El jurado reconoció su manera de abordar un clásico “con arrojo, comunión y juego”.
Las escuelas profesionales de teatro tuvieron cuatro categorías. En montajes estudiantiles dirigidos por estudiantes ganó Chat GPT define «Compasión», de Mario Gutiérrez y Valeria Espina, dirigida por Isaac Parra, producción conjunta de la BUAP y la UPAEP. La obra sitúa la acción en un call center donde la llegada de una inteligencia artificial transforma la rutina de los trabajadores.
En montajes estudiantiles dirigidos por docentes, el reconocimiento fue para ¿Qué sueñas, Macbeth?, de William Shakespeare, en adaptación de Vanessa Vázquez Ríos y dirección de Guadalupe Damián, del grupo Delirio Colectivo de CasAzul Escuela de Artes Escénicas y Audiovisuales, del Estado de México. La propuesta utiliza una pesadilla para explorar la tiranía y las estructuras de poder.
El premio para montajes de personas egresadas correspondió a Eterno A(hu)mor, de Lízbeth Félix, dirigida por Karen Covarrubias, de Espacio Invisible, de la Universidad Autónoma de Baja California, Campus Tijuana. El unipersonal sigue a una payasa romántica que, mediante el cuerpo, los gestos y la música, explora el amor, la identidad y sus contradicciones.
Para montajes dirigidos a la niñez, el jurado eligió Hogarito, de aquí soy (creo), de Chikle y pega teatro, bajo la dirección de Pedro Martínez, de la Universidad Veracruzana. La historia de Rulo, quien carga una casa sobre los hombros mientras busca un lugar donde pertenecer, propone desde el clown una reflexión sobre aprender a cargar, soltar y encontrar un hogar.
Además de los premios principales, se entregaron 14 menciones especiales a propuestas y participantes por su trabajo vocal, actoral y escénico, entre otros rubros.
Reconocimiento a la docencia teatral
La ceremonia también fue escenario para entregar el Reconocimiento “Luisa Josefina Hernández” a la docencia teatral, creado en 2020 para reconocer a quienes han contribuido a la formación de nuevas generaciones de creadoras y creadores escénicos.
En esta edición fueron distinguidos los docentes David Olguín y Óscar Armando García Gutiérrez. Olguín recibió el reconocimiento de manos de Emma Dib, directora del Centro Universitario de Teatro, por su trayectoria en la enseñanza teatral y su labor en la formación de generaciones de artistas.
“Si algo me enseñó el teatro fue a pensar y a reconocerme en la dimensión del otro”, expresó Olguín, quien definió al teatro como un arte colectivo que le permitió comprender el comportamiento humano y, en sus palabras, lo humanizó.
Por su parte, Óscar Armando García Gutiérrez recibió el reconocimiento de manos de Iona Weissberg, directora del Colegio de Literatura Dramática y Teatro de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Alumno de Luisa Josefina Hernández, García Gutiérrez recordó la responsabilidad de la enseñanza teatral y expresó su deseo de que sus alumnos, incluso aquellos que no se dedicaron profesionalmente al teatro, se hayan convertido en ciudadanos responsables y comprometidos con su comunidad.
Con la entrega de estos reconocimientos y la premiación de las propuestas finalistas concluyó la edición 33 del FITU, que volvió a reunir a estudiantes, docentes, creadoras, creadores y públicos alrededor de las artes escénicas. La noche terminó con el tradicional Goya Universitario, coreado por las aproximadamente 400 personas reunidas en el Teatro Juan Ruiz de Alarcón, entre gritos de “¡Viva el FITU!”.





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